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Las prisas, la distribución de la jornada laboral o la incompatibilidad de horarios dificultan el que todos los miembros de la familia puedan compartir mesa a la hora de comer. Sin embargo, los expertos coinciden en los beneficios que esta práctica aporta a padres e hijos. Te lo mostramos con un caso real: la familia Barea-Calvo.

En muchos hogares el acelerado ritmo de vida de la sociedad actual ha convertido en casi una utopía las comidas en familia. Conciliar la vida laboral con la familiar no es una tarea fácil y las prisas, la distribución de la jornada de trabajo o la incompatibilidad de horarios hacen que sea complicado, cuando no imposible, sentar a todos sus miembros alrededor de una mesa. Pese a que hábitos tan enraizados en nuestra sociedad como la sobremesa parecen estar ahora en declive, los expertos coinciden en destacar la positiva influencia que tiene para el desarrollo de nuestros hijos compartir con ellos mesa y mantel. Diversos estudios indican que comer en familia favorece la comunicación, contribuye a desarrollar la confianza entre sus miembros y fomenta la armonía en el hogar al potenciar la resolución de conflictos mediante el diálogo. Pero sus beneficios van más allá, ya que ayuda a promover una dieta sana en los más pequeños y a prevenir desórdenes alimenticios en los jóvenes. En un primer momento es posible que los adolescentes muestren reticencias a la hora de iniciar esta experiencia. Pero la hora de la comida se puede aprovechar para volver a conectar con ellos e intercambiar consejos y opiniones. Dejar que alguna vez inviten a un amigo a comer o darle mayor protagonismo asignándole alguna labor específica en la elaboración de la comida puede servir para que el adolescente se inicie en esta práctica sin enfados ni excusas.

Compartir mesa y mantel favorece la confianza y la comunicación entre padres e hijos

Buen ejemplo en la mesa

Los niños, por su parte, imitan las actitudes y comportamientos que observan diariamente en los adultos. Por este motivo, darles ejemplo es la mejor manera de estimularles para comer de una manera sana y equilibrada. Esto implica sentarse a la mesa de acuerdo a un horario regular, alentar el consumo de alimentos saludables y, sobre todo, mantener una actitud positiva en lo referente a la comida. Estar siempre a dieta o disconformes con el cuerpo puede llevar, a la larga, a inculcar en los niños sentimientos negativos respecto a la alimentación. Trata siempre de enviar a los más pequeños mensajes positivos sobre la comida y cómo llevar una correcta alimentación.

Promover estilos de vida

Debemos recordar que es más sencillo promover la adquisición de hábitos alimentarios y estilos de vida saludables durante la etapa infantil que modificar en la adolescencia y la edad adulta los hábitos incorrectos ya adquiridos. Para los padres supone, además de un buen momento para inculcar buenas conductas y hábitos en los más pequeños, una excelente oportunidad para establecer el intercambio de opiniones e ideas con ellos. Y es que comer en familia sirve para establecer las bases de un excelente foro de debate y es, además, el escenario ideal para intercambiar experiencias personales y conocer mejor al resto de los miembros de la unidad familiar. La mejor manera de establecer una buena comunicación es evitar cualquier fuente de conflicto durante la comida, hablar de temas apropiados y emplear siempre un tono positivo y optimista. De esta manera, los hijos valorarán gratamente el poder sentarse a comer todos juntos. Para impulsar cambios positivos en la mesa, involucra a los más pequeños en la selección de los alimentos que se sirven en las comidas e incluso procura que ayuden en las compras y en la preparación de los alimentos. En este sentido, resulta positivo asignarle en la cocina pequeñas tareas adecuadas para su edad, como poner la mesa o incluso servir alguna de las comidas.

Promocionar la salud

Queda claro que hacer un esfuerzo especial para conseguir unos horarios adecuados en los que poder reunirse con la familia alrededor de una mesa merece la pena. La alimentación a lo largo de la infancia y durante la adolescencia juega un papel importante en la promoción de la salud. Pero para que los beneficios de esta práctica sean plenos todos los miembros de la familia deben involucrarse en estas reuniones gastronómicas de igual manera. La responsabilidad debe ser compartida y no es conveniente que se establezcan diferencias de comportamiento y trato entre los miembros. Para que se produzca un pleno desarrollo de la confianza entre padres, hijos y hermanos todos deben sentirse iguales en la mesa.

Sin excusas ni distracciones

En ocasiones compavicenter los horarios de comida de todos los miembros de una familia puede convertirse en una tarea ardua. Por este motivo, cuando sea imposible conciliar la vida laboral con las comidas regulares en casa o los más pequeños almuercen en el colegio, resulta imprescindible sacar tiempo para, por lo menos, desayunar o cenar junto a los niños.

Si el ritmo de vida no permite reservar al menos una comida diaria para reunirse con la familia, es primordial prestar especial atención a los desayunos, comidas y cenas durante los fines de semana.

Pero si queremos aprovechar los beneficios que puede deparar este momento del día en su educación, es importante crear el clima apropiado y evitar las distracciones innecesarias. Debemos procurar que nada interfiera en las conversaciones de los miembros de la familia. Si los más pequeños se acostumbran a comer en compañía de la televisión, el ordenador u otros aparatos perderemos una gran oportunidad de promover la interacción familiar a la hora de comer. Es necesario, por lo tanto, no abusar de su uso. Por otro lado, los niños que comen frente al televisor lo hacen sin ser realmente conscientes de cuánto están comiendo y, según señalan diversos estudios, es más fácil que tiendan a ganar más peso del adecuado.

Vicente Turón Gil
Presidente de la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AEETCA)

Cómo prevenir la obesidad infantil

Vicente Turón Gil Es un hecho que está aumentando, y de forma alarmante, la obesidad infantil, y no se debe en la mayoría de los casos a factores genéticos o de predisposición familiar. Se debe a hábitos de vida incorrectos. Cada vez se tienen más conocimientos sobre la alimentación y la regulación del peso, pero eso no evita que el número de niños obesos aumente cada día más. La obesidad es uno de los principales problemas del mundo occidental y prevenirla, especialmente la infantil, se ha convertido en una cuestión de primer orden a resolver por la Unión Europea.

No hay duda y los estudios epidemiológicos así lo demuestran, de que este aumento de la obesidad infantil se debe a una mayor accesibilidad por parte de los niños a ‘atractivos’ alimentos hipercalóricos, al tiempo que se incrementa el sedentarismo. Cada vez los niños pasan mas tiempo ante el TV y el ordenador y menos haciendo ejercicio. Estos niños con sobrepeso serán en el futuro adultos obesos con todos los riesgos que esta situación conlleva: hipertensión, cardiopatías, diabetes, etc.

Detectar que un niño puede llegar a ser obeso puede no ser fácil, pero si observamos su dieta desequilibrada y rica azúcares y grasas, la típica de la bollería industrial y el ‘fast food’ de la que es muy aficionado, el exceso de horas ante el TV o el ordenador y un progresivo aumento de peso, estamos ante un posible futuro niño obeso. Se crearán grandes y costosos programas de prevención y diagnóstico precoz, pero permitidme un consejo: la mejor prevención está en la familia, enseñándoles hábitos saludables de vida y alimentación. ¿Y cómo se consigue eso?

Un buen consejo es que la familia cocine y coma una vez al día todos juntos, un menú tradicional y equilibrado, en una mesa bien preparada: platos, cubiertos y vasos, que coman los tres platos al tiempo que hablan y comentan temas de interés familiar. Es en ese espacio en el que se les educa en los hábitos sanos de alimentación y estilos saludables de vida y pensamiento.

Pautas para comer en familia

Con un poco de constancia y siguiendo unas pequeñas normas puedes lograr que la hora de la comida se convierta en el momento favorito de todos los miembros de la familia. Disfruta de la mesa con los tuyos y haz de este periodo lo mejor del día.

  • Horario. Debes establecer un horario regular para las comidas y respetarlo diariamente. A los niños les gusta tener una rutina.
  • Cocina sana. Sirve alimentos saludables y enseña a los niños a comer lo que haya en el plato.
  • Buenas costumbres. Salvo en contadas ocasiones, deben comer lo mismo que el resto de los miembros de la familia. No se debe mal acostumbrarlos a tomar platos exclusivamente preparados para ellos.
  • Por imitación. Da ejemplo mediante el consumo de alimentos nutritivos y sanos. Los niños imitan las conductas de los adultos. Si ven a sus padres consumir frutas y vegetales, aprenderán el mensaje correcto y no las rechazarán en su alimentación.
  • Sin discusiones. Evita las discusiones durante la comida, ya que el niño puede llegar a relacionar este periodo con momentos de enfrentamiento. Tampoco es recomendable aprovechar para iniciar discusiones sobre la alimentación. Recuerda que, si las comidas son placenteras, el niño deseará sentarse con los demás miembros de familia. Explícale lo bueno que es comer juntos.
  • En el plato. Para evitar enfrentamientos es fundamental no forzar al niño a comer todo el contenido del plato, ya que eso les enseña a continuar comiendo aunque se sientan satisfechos con la cantidad ingerida.
  • De postre. Tampoco es recomendable sobornar o recompensar a los niños con comida por sus buenos comportamientos o hábitos. Debes evitar siempre usar el postre como recompensa.
  • Educación. Involucra a los niños en la alimentación asignándoles tareas apropiadas para su edad. Por ejemplo, en el mercado puedes ayudar al niño a leer las etiquetas para que comience a entender los valores nutritivos de los diferentes alimentos. Otra manera de implicarles en su alimentación pasa por iniciarles en la preparación de algunos platos sencillos y sanos.
José Barea y Marian Calvo

“Los niños comen mejor si estamos en familia”

José Barea y Marian Calvo Tienen 3 hijas y un sobrino: Oihane, de 3 años; Ainara y Zuriñe, de 8 meses, y Julen, de 13. Por motivos laborales, entre semana sólo podemos juntarnos toda la familia para cenar. Por eso cuidamos especialmente los fines de semana, que es cuando podemos pasar todo el día juntos. Los niños comen mejor cuando disfrutamos de este momento en familia y ayudan en tareas como poner la mesa o hacer la compra. Comer en familia nos da la oportunidad de charlar con ellos y conocer cómo les ha ido el día. Además aprovechamos para que aprendan algunas normas de comportamiento.

“Ayudamos en casa y ponemos la mesa”

En casa y durante la semana no podemos hacer todas las comidas del día juntos, pero nos gusta mucho comer en familia. Cuando estamos todos hablamos de lo que hemos hecho durante todo el día, de cómo nos ha ido en el colegio y de cosas así. Aunque todavía no sabemos cocinar ninguna receta, sí que ayudamos en casa realizando algunas tareas como poner los platos y los vasos en la mesa, los cubiertos y las servilletas. Comemos casi de todo lo que nos ponen: desde fruta a arroz, carne o pasta.

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