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¿Cuándo deben consumirse? ¿Qué tipos existen? Si no lo sabes sólo tienes que leer este artículo. De la mano del dietista-nutricionista Manuel Moñino te ponemos al día de todo lo que has que saber de estos nutrientes. También puedes resolver tus dudas a través de nuestro teléfono de atención al consumidor: 902 540 340.

Están muy presentes en nuestra vida. De hecho, son las que hacen posible que funcione con normalidad. Ya lo dice su nombre que proviene del latín ‘vita’, que significa vida. Las vitaminas son compuestos orgánicos con funciones de relevancia para nuestro organismo. Además, están presentes en nuestra dieta diaria y las necesitamos pero, ¿qué son realmente? El vicepresidente de la Asociación Española de Dietistas y Nutricionistas, Manuel Moñino, nos explica en el siguiente artículo algunas de sus características. Si sientes que debes vitaminarte, te contamos en qué alimentos puedes encontrarlas. Pero ojo, consulta con un dietista-nutricionista antes de tomar complejos vitamínicos. Cuando se trata de vitaminas, tan malo es el exceso como el defecto.

Son compuestos orgánicos

Para empezar, son sustancias vitales, de ahí su nombre que proviene del latín ‘vita’, que significa vida. Son sustancias químicas orgánicas que están presentes en los alimentos y que nuestro cuerpo no es capaz de sintetizar, es decir, son esenciales. Se necesitan en cantidades muy pequeñas y su carencia provoca enfermedades. Las vitaminas están muy dispersas por los alimentos, pero las encuentras en todo su esplendor en las hortalizas y frutas frescas, sobre todo, en las que consumes en crudo, como las ensaladas o los zumos de frutas recién exprimidos. En general son compuestos muy sensibles a la luz, de ahí que las cocciones prolongadas y la exposición al aire una vez cortadas, disminuya el valor vitamínico de las hortalizas y frutas. Uno de los ejemplos más populares es la pérdida de vitamina del zumo de frutas recién hecho.

Tipos: liposolubles e hidrosolubles

Son los dos tipos de vitaminas que existen. Las liposolubles A, D, E y K son las vitaminas que el organismo puede almacenar en los tejidos, el hígado y la grasa. Las encuentras en los alimentos grasos como el aceite, mantequilla, lácteos, frutos secos, carnes, pescados y huevos aunque también en las hortalizas. Por su parte, las hidrosolubles son las más frágiles, y su periodo de retención en el organismo es corto, se disuelven en agua y hay que obtenerlas casi a diario. A este grupo pertenecen la vitamina C y todas las del grupo B. Están presentes en verduras, frutas, pan, arroz, carnes, pescados... se encuentran muy dispersas.

Vitamina o retinol

Sólo está presente en los alimentos de origen animal; en los vegetales se encuentra en forma de carotenos. Se almacena en el hígado en grandes cantidades y también en el tejido graso de la piel. Su función principal es la de proteger la piel e intervenir en el proceso de visión de la retina. También participa en la elaboración de enzimas y de hormonas sexuales y suprarrenales. Contienen vitamina A las zanahorias, espinacas, perejil, mantequilla, boniatos, aceite de soja, atún, quesos, huevos, y otras verduras como tomates, lechugas, etc.

La B9 y el ácido fólico

Es una vitamina hidrosoluble, también conocida como B9. La encuentras en las verduras de hojas verdes, legumbres, cereales, frutas, carnes y patatas y en las vísceras como el hígado o los riñones. Como todas las vitaminas es esencial. Existen algunas situaciones en las que la ingesta de ácido fólico debe aumentarse; es el caso claro de las embarazadas y de aquellas en edad fértil que quieran estarlo ya que juega un papel fundamental en la formación del cerebro y la médula espinal del feto. Además, es vital en la transmisión de la información genética y en la formación de glóbulos rojos.

El sol y la vitamina D

La vitamina D es clave para que podamos absorber el calcio y el fósforo. Es producida de manera natural por nuestro cuerpo y la obtenemos tras la exposición de nuestra piel a los rayos solares. Si no tomáramos mucho el sol y tuviéramos la necesidad de buscarla en la dieta, la encontraríamos en: sardinas y boquerones, atún y bonito frescos, quesos curados y semicurados, margarina, champiñones, pescados frescos y congelados, quesos frescos, la leche o los yogures.

C: La más frutal

El zumo de naranja, el pimiento rojo y el verde, el arándano rojo, las coles de bruselas, el brócoli, el kiwi, las moras, el tomate, las patatas, el plátano, el mango, la piña, el melón... tienen en común el que todos tienen vitamina C. Es, sin duda, una de las vitaminas más populares, cuya ingesta está garantizada siempre que consumamos una dieta variada en las que las frutas y las verduras estén muy presentes. Entre sus múltiples funciones destacan la prevención de las infecciones, y la absorción metabólica del hierro. Además, tiene capacidad antioxidante, laxante y antibacteriana.

Las desconocidas: k y f

Puede que no hayas oído hablar demasiado de la vitamina K pero es fundamental en los procesos de coagulación de la sangre. La encuentras en las hojas de vegetal verde, el hígado de bacalao... En cuanto a la vitamina F, no es realmente una vitamina sino que se trata de ácidos grasos esenciales, imprescindibles para el organismo, especialmente el ácido linoleico. Se dividen en dos grupos o series: omega 3 y omega 6. Encuentras omega 3 en los aceites vegetales vírgenes, las semillas de girasol, los frutos secos y los aguacates. Los omega 6 los hallarás, sobre todo, en pescados grasos.

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