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El sentido del olfato es uno de los más sensibles. Hay personas que lo han desarrollado hasta tal extremo que lo han convertido en una profesión. Es el caso de los perfumistas y los sumillers. Son narices prodigiosas, unas para crear nuevas fragancias y otras para adivinar el origen y los matices de determinados vinos.

Detrás de cada perfume se esconde el trabajo de un perfumista, una persona con una nariz privilegiada, que busca la mezcla de varias esencias para transmitir una idea, un olor. Hay aromas florales, amaderados o cítricos. Fragancias que nos identifican y otras que no van con nuestro estilo. Sin duda, una profesión curiosa: crear algo que ni se ve, ni se oye, ni se toca. Aunque parezca increíble, se trata de una habilidad que puede aprenderse. Al fin y al cabo, el olfato depende de un músculo, que únicamente hay que entrenar convenientemente. Pero es necesario tener talento y creatividad para saber utilizarlo con imaginación.

El olfato en la cata

En el caso de los sumillers, el olfato es uno de los sentidos que se utilizan durante las catas de vinos, junto con el del gusto y la vista. Según el sumiller Antonio García, "el buen catador no nace, se hace". En opinión del experto, debe ser una persona que se entrena día a día, estudiando, leyendo e intentando conocer todas las novedades. "Una cata de vinos nos sirve para conocer las cualidades de un buen sumiller. Al finalizar, el catador debe determinar, al menos, con qué variedad de uva está hecho el vino e incluso de qué marca se trata", puntualiza. Una cata de vinos tiene tres fases: una primera visual, durante la cual se ve el color del vino y la estructura que puede tener; una segunda olfativa, en la que se aprecian las variedades de uva y la forma en que está elaborado; y la fase final o gustativa, que complementa a las anteriores y sirve para dar el veredicto final

José Barea
Jefe Área Alimentación Hipermercado EROSKI de Castro Urdiales

"Me encanta el olor de la fruta recién cortada"

José Barea Vivo en un pueblo rodeado de naturaleza por lo que el olor que más aprecio es el de las flores. Por mi trabajo tengo la suerte de percibir y apreciar los olores tanto de la verdura como de la fruta, en este sentido la fragancia que más aprecio es la de la fruta recién cortada: la piña, la naranja, el mango... Me encanta el aroma que desprenden. También me gusta cuando en casa cocinamos con diferentes hortalizas. El olor que despiden el pimiento, la zanahoria, el puerro... es especialmente rico, incluso antes de probarlo. Creo que la comida nos entra por el olfato.

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