
A lo largo de la vida, nuestras necesidades nutricionales cambian. No necesitamos la misma energía en la adolescencia que en la edad madura. Por eso, Nuestra alimentación se debe adaptar a cada etapa y proporcionarnos en cada momento los nutrientes que necesitamos para llevar una vida sana. Te lo contamos en este amplio reportaje.
Un bebé recién nacido apenas tiene fuerzas para succionar durante unos segundos el calostro que le proporciona el pecho de su madre. Sólo unos años después, la misma criatura ya comerá con cuchara, masticará y habrá aprendido a consumir, con mejor o menor fortuna, todos los alimentos. A los 15 años, seguramente será capaz de merendar una barra de pan repleta de chorizo después de una clase de gimnasia. En la edad adulta, es posible que tome más calorías que las que gasta su cuerpo, en el caso de que no practique ejercicio. Y cuando supere los 70 muy probablemente tenga que volver a los purés por problemas de masticación.
El ciclo vital de cada persona varía, y las necesidades nutricionales dependen no sólo de la edad, sino también del sexo, la constitución, el modo de vida, etc. Pero todos pasamos por las mismas etapas y debemos tener en cuenta las mismas pautas para alimentarnos de forma correcta.
Porque la alimentación, junto con la practica de deporte acorde a la forma física y la edad, son la base de nuestro estado nutricional y de nuestra salud
"Mantener unos buenos hábitos alimentarios de adulto permite una vejez más plena"
El crecimiento constituye un proceso continuo que se inicia ya durante el embarazo y que se prolonga hasta el final de la adolescencia.
Existen tres momentos muy diferenciados: la primera infancia o período de crecimiento rápido, que abarca los dos primeros años de vida. A éste le sigue una etapa de crecimiento estable o mantenido durante la edad preescolar y escolar para culminar en la pubertad, que supone la otra gran otra fase de desarrollo acelerado. En cualquiera de ellas, la alimentación es básica para que el aumento de la masa corporal y la maduración funcional del organismo sea la óptima. Terminado el crecimiento se inicia una etapa de mantenimiento de las estructuras y funciones corporales en la que es muy importante lograr un equilibrio calórico que permita mantener un peso corporal adecuado. Pero, también hay que lograr una adecuada variedad alimentaria como factor de prevención frente a enfermedades como la arteroesclerosis, determinados tipos de cáncer, osteoporosis y todas las consecuencias negativas derivadas de un exceso de peso corporal (diabetes tipo 2, hipertensión arterial, etc.). Mantener unos hábitos alimentarios saludables de adulto permitirá alcanzar una vejez más plena y autónoma, en la cual los requerimientos nutricionales serán muy parecidos a los de un adulto más joven pero teniendo muy en cuenta que las personas ancianas necesitan comer menos debido a los cambios metabólicos y conductuales propios de esta etapa. Es necesario tener en cuenta la densidad nutricional en su alimentación, es decir, que a pesar de su menor ingesta global, la dieta les siga proporcionando todos los nutrientes y la energía que su organismo precisa. Es importante mantener la máxima variedad alimentaria y procurar que los alimentos menos nutritivos tengan una presencia moderada en la dieta cotidiana. Para ello hay que priorizar alimentos como la carne, el pescado, los huevos, los lácteos, las frutas, verduras, hortalizas y legumbres. Es muy importante evitar la deshidratación tomando entre 1,5 y 2 l de agua cada día ya que las personas ancianas ven disminuido de forma fisiológica el estímulo de la sed.
Asimismo, hay que moderar el consumo de bebidas alcohólicas, ya que su exceso puede deprimir el apetito, desplazar otros alimentos de la dieta e interaccionar con la absorción de determinados nutrientes o el metabolismo de ciertos fármacos.