
Implicar a los niños en la cocina es, según los expertos, una buena forma de sentar los pilares para unos buenos hábitos alimenticios. Al manejar los alimentos, los pequeños aprenden además destrezas básicas para la vida. Puedes compartir un tiempo con ellos en los fogones de casa o apuntarles a un taller de cocina.
A nadie le apetece meterse en harina rodeado de unos cuantos pequeñajos especialmente hábiles en desparramar el azúcar, estampar contra el suelo un par de huevos o salpicar de agua toda la encimera. Pero estos pequeños riesgos tienen una clara recompensa: al cocinar, los niños aprenden a probar todos los alimentos, descubren las propiedades y curiosidades que encierran y desarrollan algunas destrezas. En definitiva, van sentando las bases de sus futuros hábitos alimenticios.
Cuando los peques se meten en la cocina, se ejercitan en medir, contar o leer y los padres logran que prueben ‘sus alimentos odiados’.
Precisamente uno de los principales problemas de hoy en día es que los padres no tienen tiempo para cocinar, los niños no quieren probar alimentos nuevos y, al final, ninguna de las partes quiere discutir. La consecuencia es una pérdida paulatina de las costumbres culinarias tan saludables de nuestros antepasados. Conscientes de estos problemas, cada vez más, se organizan talleres de cocina para niños, tanto en los colegios como fuera de ellos.
Una de las ciudades con mayor tradición en esta practica es Barcelona. Allí, la propietaria del restaurante Sempro-niana, la restauradora Ada Parellada, hace tiempo que descubrió en su propia piel estos conflictos generacionales. En su restaurante, todos los sábados del curso escolar se imparte el taller Patacuchi para niños de 4 a 10 años. El funcionamiento es muy sencillo. A la 13,30 llega toda la familia al restaurante. Los padres pasan al comedor y los niños al taller. Mientras los mayores disfrutan de la comida, los pequeños se visten con su delantal, el gorro y el trapo de cocina y se lavan las manos. Conocen los ingredientes, los prueban, los tocan y van elaborando la receta paso a paso, amasando, creando formas, etc. Lo único que no tocan son los fuegos.
Mientras la receta se cocina al horno o la sartén, los pequeños comen un menú en el que siempre cabe algún alimento que no suele ser de su gusto –pimientos, verduras, especias, pescado azul–, disfrazado de tal forma que terminan aprendiéndolo. Finalizado el almuerzo, los niños envuelven su creación para obsequiar a sus padres con semejante joya. Es el momento del reencuentro. El taller dura dos horas.
En el Mercado de la Boquería de Barcelona se celebran también los sábados por la mañana talleres de dos horas de duración para niños de 5 a 13 años y Escuelas durante todo el año para centros escolares, impartidos por la cocinera Eulalia Fargas, una apasionada de los fogones. Eulalia lleva ya cinco años transmitiendo su amor por la cocina a los más pequeños. En sus talleres de los sábados, los niños cocinan una receta y se la llevan a casa con gran entusiasmo. Y es que se atreven con todo: pastel vegetal, patatas rellenas, buñuelos de bacalao...
Eulalia intenta sobre todo educar su paladar, aún virgen, y transmitirles la idea de que la cocina “es la cosa más interesante del mundo”. Muchos de los niños que asisten a sus talleres de los sábados son malos comedores con padres preocupados por su alimentación, ella asegura que no intenta formar cocineros sino “abrir la mente de los chavales para que tengan una buena disposición a la hora de comer, de probar cosas nuevas y de darse cuenta que es interesante”.
“Si ellos han probado y se les ha abierto la mente de pequeños, de mayores también se les abrirá, es una forma de apostar por que se alimenten de una forma correcta”, afirma. La mayoría de los niños que asiste por primera vez, repite: “tengo algunos alumnos fijos que llevan ya casi tres años, ellos salen muy contentos, aprenden, es divertido e interesante”.
Ingredientes
Elaboración
Coges los tomates, los abres por la parte superior y con una cuchara y un cuchillo pequeño, les vacías la pulpa con cuidado de no romper las paredes. Giras los tomates al revés sobre un plato o un papel absorbente para que vayan perdiendo el agua que llevan. Guarda las partes superiores. Abres las latas de atún, les escurres el aceite y pones el atún en un recipiente. Sacas la piel de las avellanas, las rompes con la ayuda de un mazo y las mezclas con el atún. Añades la pulpa cortadita de los tomates, rechazando las semillas, añades la mayonesa y mezclas el conjunto: el atún, las avellanas, la pulpa del tomate y la mayonesa. Limpia bien la lechuga, la cortas pequeña y la colocas en una bandeja, como si fuera un lecho. Rellenas los tomates con esta mezcla, los tapas con la parte superior del tomate que habías guardado y los pones encima de la lechuga.
"Aprender a comer es un seguro de salud y de vida que depende sólo de nosotros"
Idea Sana EROSKI: ¿Cuál es la actitud de los niños que asisten a los talleres de cocina, muestran interés?
Ada Parellada: Es siempre muy positiva, tienen muchas ganas de aprender y de participar en el máximo de pasos posibles. Entiendo que en casa no cocinan habitualmente, por lo que la cocina se convierte en una actividad lúdica y novedosa. Quieren saber de todo, aprender de todo, son curiosos e inquietos.
I.S: Conocer los alimentos ¿les ayuda a comer mejor, a adoptar hábitos de alimentación saludables?
A.P.: Por supuesto, conocer es saber, y saber es prevenir. Si conocen los alimentos, se familiarizan con ellos, los prueban y los aceptan, estamos consiguiendo que aprecien los alimentos y, en consecuencia, que no los rechacen, lo que ayuda enormemente a los padres a darles una alimentación variada, saludable y equilibrada. La mejor manera de conseguir que coman de todo, es darles a probar de todo. Parece una tontería y una obviedad, pero todos sabemos que en los domicilios españoles, los niños mandan mucho, lo que significa que si no quieren, no prueban ningún alimento nuevo.
I.S: Si un niño tiene problemas para tomar ciertos
alimentos ¿es más fácil que aprenda a comerlos si
los cocina?
A.P.: Por supuesto. Y además lo he comprobado. Cuando un niño rechaza un alimento concreto y le proponemos cocinar con este alimento, la mayoría de las veces, tiende a querer probar aquello que él ha elaborado, sólo por el orgullo de ser él quien ha hecho el plato, con sus manos. Hacer partícipes a los niños en la cocina, les da seguridad, puesto que saben a la perfección qué ingredientes han formado parte del plato y les genera curiosidad por probar aquello que han hecho.
I.S: Pero se necesita mucha paciencia para ver cómo el niño mancha toda la cocina...
A.P.: Sí, sinceramente, desespera ver cómo queda la cocina después de una sesión culinaria con niños. A los padres, les propongo una reflexión: ¿dónde creen que van a aprender a comer los niños? ¿en la escuela?, ¿en la calle? Nosotros hemos aprendido a comer en casa, han sido nuestros padres quienes nos han enseñado, y si ahora disponemos de menos tiempo para dedicar a la educación de nuestros hijos, en temas de alimentación, debemos ser más creativos y buscar estrategias para sacar el máximo partido de los pocos ratos que estamos con nuestros hijos. Si esto se traduce en ensuciar un poco la cocina, pues, creo que compensa suficientemente. Tenemos que entender, todos, padres, profesionales, administración y escuelas, que la alimentación es un aprendizaje, basado en una enseñanza, en una educación. Y este aprendizaje requiere tiempo, paciencia, un espacio físico y temporal, y el máximo de herramientas y medios para hacerlo efectivo. Enseñar a multiplicar es muy útil, pero, por suerte o por desgracia, tenemos unas magníficas calculadoras que lo pueden hacer por nosotros; aprender a comer es un seguro de salud y de vida, que, por suerte o por desgracia, nos atañe a nosotros mismos y, que sólo nosotros podemos llevar a cabo con éxito.
“Recomiendo a los padres que se metan en la cocina con sus hijos una vez a la semana”
A los padres les digo que se metan en la cocina con sus hijos al menos una vez a la semana. De esta forma conseguirán que sus hijos coman y además, ¿qué mejor relación pueden tener con ellos que dedicándoles unas horas? Si hacen la comida contigo, van a comer más a gusto porque lo han preparado como si fuese un juego. Es una ‘receta’ que tiene todos los ingredientes para que salga bien. Conseguimos mejorar nuestra relación filial y además apoyar y dar herramientas a nuestros hijos para que quieran comer otros alimentos. Los niños en la cocina pueden hacer muchísimas cosas: por ejemplo, limpiar la lechuga, que es untrabajo un poco tedioso, ¡lo hacen de maravilla! porque tienen ‘manitas’ de oro y se entretienen muchísimo, no dejan nada de porquería. Pueden rebozar, pelar patatas... y, en función de la edad, hacer muchísimas cosas más. A partir de los 10 años desde una tortilla hasta comprobar el punto de cocción.
FUENTE: Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (www.eufic.org)