Lunes, ocho de la mañana. Se presenta una dura jornada por delante. Mientras los niños desayunan y se preparan para ir al colegio, aprovechas para echar un vistazo a tu agenda. ¡Oh, no! reunión con los jefes a última hora. ¡Y después, gimnasio! Regresarás tarde, sin tiempo para ir a la compra, así que antes de salir de casa rumbo a la oficina aprovechas para dejar la cena preparada. Abres el congelador, sacas unos filetes de merluza, un paquete de verduras troceadas, y lo colocas todo en el estante inferior de la nevera. Así de cómodo, así de rápido resulta preparar un menú saludable y apetecible para toda la familia gracias a los alimentos congelados.
En un mercado cada vez más exigente, el consumo de estos productos aumenta año tras año, y ya están presentes en ocho de cada diez hogares españoles. Sus principales consumidores tienen entre 18 y 45 años, son de clase social media y viven en centros urbanos. En opinión de José Antonio Pinto, del Instituto de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, la razón de este crecimiento hay que achacarla a que los congelados “han sido capaces de responder a las exigencias que más valora y demanda el consumidor a la hora de realizar su compra de alimentación: seguridad, calidad, precio e información”. Vayamos por partes.
Los alimentos congelados ya están presentes en ocho de cada diez de los hogares españoles |
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“La congelación es el mejor método de conservación de alimentos”, asegura el doctor Javier Fontecha, del Instituto del Frío del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esta técnica, que tiene al frío como aliado, permite alargar la vida útil del alimento sin dañarlo, al ralentizar los procesos bioquímicos que influyen en su deterioro, “como la oxidación y el desarrollo de las enzimas”. Además, previene la proliferación de microorganismos y garantiza la inactivación de ciertos parásitos, garantizando de esta manera su plena salubridad. No es de extrañar, por tanto, que “según los últimos informes epidemiológicos, los congelados tienen cada vez menor presencia en las intoxicaciones alimentarias”, apunta José Antonio Pinto.
Gracias a la congelación, no es necesario añadir aditivos, conservantes ni estabilizantes para su correcta conservación, “lo que repercute de forma positiva en la prevención de las alergias hacia determinados alimentos”, señala el experto en Salud Pública.
Partir de materias primas de calidad, aplicar el frío de modo inmediato, mantener buenas prácticas higiénicas y no romper la cadena de frío. Cuando la congelación cumple estas premisas básicas, “las pérdidas nutricionales de los alimentos congelados son míninas, por lo que mantienen prácticamente las mismas propiedades nutritivas que los frescos”, indica Fontecha.
| Ramón Sánchez-ocaña Periodista y experto en salud. Amigo de FUNDACIÓN EROSKI |
La nueva despensa
Se observa ya en muchos hogares que la despensa esta dejando paulatinamente paso al congelador. Y es que la posibilidad de disponer durante todo el año de productos congelados permite ese cambio. Porque no podemos olvidar que esos congelados envasados se recogen o se elaboran en su mejor momento. Y como la congelación es ultrarrápida permite que ese producto mantenga todas sus cualidades nutritivas.
Hay que insistir en ello: un alimento adecuadamente congelado posee las mismas cualidades nutricionales que uno fresco. También tenemos que considerar que estos nutrientes se mantienen sin necesidad de emplear conservantes!
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Es, sin duda, otra de las grandes ventajas de los congelados. Su precio puede representar, en algunas categorías, un ahorro de entre un 40 y un 60% respecto a los alimentos frescos. Además, tienen la particularidad de que cuanto mayor sea el precio del producto fresco –el marisco, por ejemplo– mayor será el ahorro al adquirir su hómologo congelado.
También debemos tener en cuenta que los congelados se presentan ya preparados para su consumo, sin tener que lavarlos, limpiarlos o quitarles las vísceras. Aparentemente son más caros, pero lo cierto es que en la práctica resultan más económicos que los productos frescos. Por ejemplo, una gran parte del pescado fresco son desperdicios que no se pueden aprovechar, mientras que el pescado congelado ya limpio se aprovecha prácticamente al 100%.
La información asociada al producto es una característica cada vez más apreciada por los consumidores. Y el etiquetado es, sin duda, la mejor fuente de información en el momento de la compra.
En la etiqueta de los alimentos congelados debe aparecer: el nombre del alimento; su origen; la relación de ingredientes; el peso neto, el peso escurrido y el porcentaje de glaseado –si se trata de pescado congelado a granel–; la fecha de caducidad; las instrucciones de conservación –indicando a qué temperatura debe mantenerse en el congelador–; indicaciones para su elaboración y preparación, así como el proceso tecnológico utilizado –si ha sido sometido a congelación o ultracongelación–.
Los alimentos congelados no duran eternamente. Por algo llevan impresa la fecha de caducidad. Aunque la congelación detiene la proliferación de bacterias, la actividad de las enzimas se mantiene, aunque muy ralentizada. Por lo tanto, con el paso del tiempo, las vitaminas tienden a reducirse y las grasas, a ponerse rancias.
Un consejo: colgar una lista en la puerta del congelador con las ‘fechas de entrada’ de los alimentos y, junto a ellas, sus fechas de caducidad. De esta forma, estaremos siempre al tanto del tiempo que resta para consumir los productos sin sufrir merma en sus propiedades nutritivas.
Tan importante como el proceso de congelación y almacenamiento es la forma de descongelar los alimentos. Uno de los errores más extendidos en los hogares es descongelar de forma rápida sobre una fuente de calor –la calefacción, bajo el grifo con agua caliente– o a temperatura ambiente. Carlos Arnaiz, subdirector de Calidad del Instituto Nacional de Consumo, aconseja “la descongelación lenta; siempre es más beneficiosa porque mantiene las propiedades nutritivas, la textura y el sabor de los alimentos”. En este sentido, conviene tener en cuenta que:
En cualquier caso, el envase del producto nos indicará cuál es la mejor forma de descongelación. El microondas, por ejemplo, se puede utilizar siempre y cuando así lo indique el fabricante. Por último, no debemos olvidar que una vez que el alimento está descongelado, debe cocinarse inmediatamente. Y nunca debemos volver a congelar un alimento que ha sido previamente descongelado.
Comprar productos congelados repercute de forma positiva en tu salud y también para tu bolsillo. Por eso, en septiembre, ponemos en marcha una campaña informativa en las tiendas EROSKI para acercar a los clientes –a través de la edición de folletos, envío de cartas a Amigos de FUNDACIÓN EROSKI y celebración de Escuelas Idea Sana sobre el tema– todas las ventajas de estos alimentos. Ventajas que se engloban bajo las cuatro S del congelado:
| Maite Amutxastegi. Técnico Marketing Marcas Propias Alimentación EROSKI |
| “Muestran una evolución muy positiva”
Los alimentos congelados muestran una evolución muy positiva. Excepto los helados, que aunque presentan una fuerte estacionalidad cada vez se consumen más fuera de verano, el resto de las categorías se consume todo el año, si bien, el pescado y el marisco, en todas sus variedades, es la categoría estrella en ventas. La oferta de estos productos es cada vez más amplia. Las últimas novedades se enmarcan dentro de los conceptos de alimentación saludable (verduras al vapor), soluciones prácticas (platos microondeables) y nuevos formatos dentro del segmento de las pizzas (mini-pizzas y baguettes). |
| Vanessa Aguilar. Responsable Pescadería Supermercado EROSKI/Center Albolote (Granada) |
| “Nuestro pescado congelado es igual de sabroso que el fresco”
El pescado congelado que llega a nuestro supermercado se somete a un estricto control de calidad para evitar que se rompa la cadena de frío que mantiene al pescado en óptimas condiciones y le hace conservar sus propiedades, como si estuviera fresco. Se transporta en camiones frigoríficos y de ahí pasa a nuestras cámaras, donde hacemos un exhaustivo control de la temperatura, etiquetado y fecha de caducidad. Es igual de sabroso y nutritivo que el pescado fresco y resulta más barato. Uno de los productos más vendidos es el filete de merluza, porque su preparación resulta sencilla y carece de espinas. |