Las infusiones reconfortan y contribuyen al buen funcionamiento del organismo. Se preparan con hierbas y agua, generalmente caliente, con el objetivo de que las sustancias aromáticas o medicinales de la planta impregnen el líquido. Algunas deben hervir, como la manzanilla y otras se tienen que calentar a menor temperatura, como el té. Su variedad es enorme y las propiedades de estas plantas se conocen desde la Antigüedad.
De hecho, su descubrimiento data del año 2737 antes de Cristo. Fue de forma casual cuando el emperador chino Sheng-Tun, defensor de la higiene y amante de la herboristería –sólo bebía agua hervida–, decidió sentarse a descansar bajo un árbol durante un paseo otoñal por el bosque. En ese momento, una hoja cayó sobre su agua hervida e impregnó el líquido con sus aromas. Lo probó y descubrió que desprendía un olor muy agradable. Así nació la primera infusión de té de la que se tiene conocimiento.
| Infusiones, tisanas y decocciones |
La tendencia natural es llamar infusión a toda bebida preparada a base de agua hirviendo y plantas, pero existen diferencias y matices entre dar sorbos a una infusión, una tisana y lo que se conoce como decocción.
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Desde entonces, las infusiones se han utilizado con fines medicinales, relajantes o reconfortantes. De hecho, muchos medicamentos se han desarrollado a partir de las plantas, como por ejemplo la aspirina, que procede del sauce. En general, los tipos de hierbas utilizadas para preparar infusiones son totalmente inocuas (manzanilla, poleo, tila, té...) pero otras que se venden en herboristerías deben consumirse bajo la supervisión de un experto.
Las más conocidas y usadas son el té, la manzanilla, el poleo o la tila. En Europa, se desconocen muchas de las plantas con las que se pueden preparar infusiones. Sólo en Gran Bretaña este tipo de bebidas se consume de forma generalizada.
Las infusiones son un buen sustitutivo del café en invierno y un refresco sano en verano |
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Sus hojas, flores o raíces pueden utilizarse para impregnar de olor numerosas comidas |
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Desde su descubrimiento en China en el año 2737 a.C., el consumo de té ha sido constante. Ha pasado de ser una bebida exclusivamente de origen oriental –de China pasó a Japón– a beberse en todo el mundo gracias a la expansión del comercio. Sus principales impulsores han sido siempre los británicos.
El té ha estado muy ligado a diferentes rituales, de hecho es uno de los elementos imprescindibles del budismo en el gigante asiático, mientras que en Japón se denomina ‘chado’ al momento en que se toma. El ‘chado’ lleva implícitos los conceptos de respeto, tranquilidad, pureza y armonía. En Europa, basta el ejemplo de la hora del té británica, que ha pasado de uso a costumbre y de ahí a tradición.
El té está considerado como una bebida muy saludable porque contiene antioxidantes, vitaminas y minerales, entre los que destacan el sodio, el potasio, el manganeso y el selenio. Posee también una gran cantidad de teína, una sustancia a la que se le atribuyen propiedades estimulantes.
| Preparación de una taza de té |
Puede parecer fácil a primera vista, pero requiere de una serie de atenciones básicas que hará que disfrutemos de sus características de aroma y sabor. Son muy importantes tanto la temperatura del agua como el tiempo de infusión. En general, se recomienda:
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El té se considera de mayor calidad cuando sus hojas son pequeñas y están enteras |
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En la actualidad, es la segunda bebida más consumida en el mundo después del agua, mientras que su cultivo se extiende, sobre todo, por las zonas tropicales del planeta. La planta del té está formada por una bonita flor de color crema y tonos rosados.
Existen dos procesos de recolección de esta planta: de manera manual o mecánica. Se considera de mayor calidad cuando las hojas recogidas están enteras y son pequeñas.
No obstante, en el momento de su compra lo encontramos, al igual que el resto de infusiones, tanto a granel (en hojas sueltas), como en bolsitas. También existe –aunque en nuestro país no es muy habitual– el té compacto, que resulta de comprimir las hojas y presentarlas en bloques.
El mercado ofrece un abanico de variedades –negro, verde, rojo, blanco...– que dependen del proceso de elaboración que se utilice, puesto que todos tienen su origen en una misma especie de planta. A continuación te explicamos las características de algunos de ellos:
| Mousse de ciruelas al té verde 4 personas |
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| Poner las ciruelas en un cazo con agua. Hervir y dejar cocer a fuego lento durante 20 minutos. Agregar la bolsita de té verde y dejarla en infusión durante cinco minutos. Escurrir las ciruelas y conservar el caldo resultante de la cocción. Pasar las ciruelas, mientras añadir el jugo y el azúcar moreno. Mezclar el puré de ciruelas con los yogures. A continuación, calentar en un cazo el resto de caldo, junto con el zumo de limón. Agregar la gelatina. Verter poco a poco el puré de ciruelas, mezclar bien. Finalmente, montar la crema con el azúcar glas y mezclarla con el puré de ciruelas y el azúcar moreno. Repartir la mousse en copas individuales, meter al frigorífico durante cuatro horas. |