Nuestra esperanza de vida es cada vez mayor. Pero no sólo se trata de añadir años a la vida, sino de sumar calidad de vida a esos años. Una dieta completa y equilibrada, la práctica regular de ejercicio físico y fomentar las actividades sociales son las claves fundamentales para dar esquinazo a la obesidad y envejecer con salud.
La prevención de la obesidad infantil se ha convertido en una prioridad para las instituciones sanitarias y en un foco de interés para la opinión pública. Sin embargo, no podemos olvidarnos de que la obesidad y las enfermedades derivadas del exceso de peso (diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y artrosis, entre otras) también afectan a las personas mayores. Según los datos expuestos en el último Congreso de la Sociedad Española de Medicina Rural y Generalista (SEMERGEN), celebrado en octubre pasado en Bilbao, en la población mayor de 6o años, la prevalencia de la obesidad se estima en un 30,9% en hombres, y un 39,8% en mujeres. Es decir, más de dos millones de ancianos.
Además, en esta etapa de la vida aparece otro importante problema de alimentación: la desnutrición que padecen algunos mayores, en especial aquellos que viven solos. Los expertos apuntan a la soledad como un elemento de riesgo desde el punto de vista nutricional. Al aislamiento se unen otros factores (bajo poder adquisitivo, escasa autonomía física, falta de conocimientos sobre nutrición) que favorecen la adopción de hábitos alimenticios incorrectos. Llevar una dieta deficitaria favorece la aparición de enfermedades y contribuye a empeorar las ya existentes, con la consiguiente merma en la calidad y esperanza de vida. Por lo tanto, alimentarse de forma adecuada es fundamental para mantener el bienestar físico y psíquico de los mayores.
Vida activa
También en la tercera edad, el cuidado de la alimentación debe ir acompañado por el abandono del sedentarismo. Los adultos españoles son los más sedentarios de Europa. En una reciente encuesta, el 64% reconocía no practicar ningún tipo de deporte o ejercicio. Y estar en una buena forma física contribuye a encontrarse mejor anímicamente, al igual que mantener una vida social activa y dinámica.
Actividades como pasear por el parque, charlar en un banco con los vecinos, jugar a las cartas, al dominó o a la petanca, tomar un café, asociarse, participar en talleres y apuntarse a los viajes colectivos ayudan a potenciar la autoestima de nuestros mayores y a disipar los fantasmas de la soledad y la depresión.
Pero envejecer con salud es un viaje que dura toda la vida. El recorrido comienza en la infancia, una etapa en la que debemos enseñar a los niños cómo alimentarse de forma correcta, los beneficios de hacer ejercicio físico de forma regular, la importancia de mantener una actitud mental positiva e informarles sobre los perjuicios del alcohol y el tabaco. Son hábitos saludables que los pequeños deben adoptar y mantener en la edad adulta con el objetivo de disfrutar en plenitud de facultades de la vejez, la última estación en la que se detiene el tren de la vida.
Bernabé Tierno Psicólogo, pedagogo y escritor |
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“La peor vejez es la del espíritu”
Decía Rochefoucauld que “poca gente domina el arte de saber envejecer” y no andaba desencaminado. Por suerte, cada día abundan más las personas mayores con espíritu y actitudes dinámicas y de esperanza, que son conscientes de que la peor vejez es la del espíritu. Las claves para una vejez plena, que al mismo tiempo son las pautas para saber vivir en la madurez, son las que siguen:
- Ser conscientes de que la vejez del espíritu, la que nos arrastra a actitudes mentales negativas y derrotistas, no tiene que ver demasiado con la edad cronológica. Conozco a personas de 40 años con una mente, lenguaje y formas de viejos, mientras que otros con casi 90 años y más, como puede ser el profesor y escritor José Luis Sampedro, mantienen una mente fresca y joven como a los treinta años. De él, como de tantos otros, se podría afirmar lo mismo que decía José Zorrilla de sí mismo: “Soy de esos viejos que nunca lo son”.
- Tener siempre ‘un mañana’ (un proyecto) que se construye en el día a día, en el vivir plenamente el Hoy, Aquí y Ahora. “Quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo", decía Nietzsche. Es fundamental tener pequeños o grandes proyectos, ilusiones, tareas gratificantes a las que dedicar tiempo, entusiasmo y satisfacción. Hay personas mayores que se dedican en cuerpo y alma a terminar aquella carrera universitaria que dejaron colgada en su juventud. Otros, que siempre desearon imitar a Goya o Velázquez e hicieron sus pinitos como simples aficionados en pintura, ahora se meten de lleno sin límites y con todo el tiempo del mundo a estudiar dibujo y pintura. No escasean las personas mayores que ejercen labores de voluntariado social y se sienten felices y dichosas al sentirse útiles para los demás. Esto les mantiene más ocupados, optimistas y felices. Como tampoco escasean los que no cambian por nada ejercer de abuelos y ayudar a sus propios hijos, tan ocupados en sus trabajos, en la educación de sus nietos. A muchas de mis conferencias asisten abuelos que desean ponerse al día en todo lo referente a una buena e inteligente educación de los niños, porque no quieren cometer con sus nietos los errores que cometieron con sus hijos.
- Además de la juventud de espíritu o actitud mental positiva y de tener siempre un ‘porqué’, un proyecto, algo que hacer que le haga sentirse útil y valioso, la persona mayor necesita COMUNICARSE, no quedarse en casa, realizarse plenamente como ser social y tener amigos, asistir a reuniones, viajar y no desaprovechar bodas, bautizos, excursiones y todo tipo de actividades en las que se comparte todo.
- Cuidado de la mente y del corazón. La mente necesita limpiarse de pensamientos derrotistas, de preocupaciones del mañana. Mi último libro, que acaba de publicarse: ‘Hoy, aquí y ahora’ (Temas de Hoy) puede ser la mejor guía para las personas interesadas en aprender a vivir de forma más plena el día a día, que es lo único que verdaderamente importa.
Si alimentamos nuestra mente de penas, odios, rencores, ira o preocupaciones, no debe extrañarnos que los últimos años de nuestra vida sean los más amargos. Seamos inteligentes y prácticos y dediquémonos simplemente a vivir y a disfrutar de todo. En cuanto al corazón, no podemos vivir sin amor. Es el momento más adecuado para amarnos a nosotros mismos y a los demás y también de dejarnos querer y mimar. La felicidad y el amor ahuyentan la vejez del cuerpo y del espíritu… El que pueda entender que entienda y lleve estas reflexiones a su vida. |