El frío invierno está cerca. Y se nota. Despertamos de noche acurrucados bajo las mantas y volvemos a casa con la única claridad de las farolas que alumbran las calles. La estación más fría del año nos invita a pasar más tiempo en casa, al calor del hogar, con la familia y los amigos, alrededor de una buena mesa y un puchero humeante. Necesitamos calor, por dentro y por fuera.
Estos días previos a la Navidad son propicios para los encuentros en el hogar o para disfrutar de todas las actividades que nos gustan y nos relajan: leer un buen libro mientras la lluvia golpea la ventana, salir a cenar o al cine, practicar deporte y realizar excursiones o senderismo los días más claros del fin de semana, mientras respiramos hondo el aire más puro de nuestros montes.
A través de los alimentos de invierno podemos ayudar a nuestro cuerpo a entrar en calor y a cargarse de energía. Legumbres, hortalizas, sopas calientes, pescados azules, carnes rojas, aves, cítricos... abundan en las cocinas de invierno. Selecciona, haz una compra responsable y vete planificando tus compras de Navidad. Evitarás las prisas de última hora y la subida desmesurada del precio de algunos productos.
Organizar adecuadamente la despensa con alimentos básicos es imprescindible para ahorrar en la cesta de la compra.
La temperatura de nuestra casa es otra de nuestras máximas preocupaciones durante este tiempo. Procura no superar los 20 grados para ahorrar no sólo en energía sino también en la factura de finales de mes. Recuerda además que el contraste de temperatura con el exterior te puede acarrear problemas en la piel o incluso en el interior de tu hogar por el efecto de la condensación.
La calefacción seca la piel así que hidrátala adecuadamente para evitar que se cuartee y pierda elasticidad, especialmente si la tienes seca. Protégete del frío por dentro y por fuera, no olvides tus pies, una de las zonas más sensibles a los cambios de temperatura. El algodón, la lana y el poliéster son las prendas más usadas para mantenerlos siempre calientes.
Aunque sumergidos en la rutina diaria, los días de invierno también nos ofrecen ratos de ocio y descanso. Es el momento de cumplir todas esas promesas realizadas a principios de curso para mantener una vida saludable. Practicar ejercicio de forma regular, en función de la capacidad, las necesidades, la edad y el estado de forma general; seguir una alimentación rica y variada; y disfrutar del tiempo de ocio.
Andar media hora al día puede ser suficiente para mantener un buen estado de forma. Aunque el tiempo no acompañe, procura caminar si no tienes la opción de practicar otras actividades o si tu edad no te lo permite. También puedes realizar pequeños ejercicios sin salir de casa.
Y sobre todo, aprovecha los momentos de ocio realizando las actividades que más te llenan: hacer manualidades, leer sosegadamente la prensa del día, cocinar, jugar una partida de cartas o dormitar frente al televisor unos minutos después del almuerzo. Todo vale si te satisface.
Los amantes de la montaña tienen también durante estos meses los días más frescos y sanos para disfrutarla. Sentir el aire fresco de la mañana azotando la piel de la cara mientras ascendemos por paisajes ocres, bañados en hojas secas, es un sanísimo placer. En cualquier caso, sé responsable y no te aventures a hacer cumbre si las previsiones meteorológicas son adversas; toma todas las precauciones necesarias.
Y al mal tiempo, buena cara. Busca el calor del invierno en todo aquello que te llena de satisfacciones y te nutre de la energía necesaria para afrontar cada día con ardiente entusiasmo.