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La despensa en orden

Nuestro hogar es también un pequeño almacén donde guardamos los productos necesarios para conformar los menús familiares. Organizar y mantener al día la despensa nos permite ahorrar tiempo y dinero, alarga la vida útil de los alimentos y nos facilita, además, la elaboración de platos sanos y naturales.

Los cambios en los hábitos de vida también han influido en nuestras pautas de consumo. Debido a las obligaciones laborales y familiares, cada vez tenemos menos tiempo para hacer la compra. De ahí que sea importante sacar el máximo provecho de cada visita a la gran superficie, supermercado o hipermercado, donde los españoles hacemos el 46% de las compras de productos de alimentación. Alimentos que luego deben conservarse en perfectas condiciones en el hogar hasta el momento de su consumo.
Para ello es imprescindible organizar la despensa de casa y dotarla de un surtido completo de alimentos que debemos almacenar en el lugar más adecuado (a temperatura ambiente, en la nevera o el congelador) con el objetivo de alargar su vida útil. Mantener la despensa al día permite ahorrar tiempo y dinero, respaldar las necesidades culinarias en cada momento y facilita la elaboración de platos saludables y atractivos con productos naturales.

Compra racional

Saber comprar es el primer paso para sacar el máximo partido a nuestro ‘almacén casero’. Antes de ir a la tienda, haz un repaso de lo que tienes en la despensa y presta especial atención a la fecha de caducidad de los productos que has comprado en ocasiones anteriores. Elabora una lista con los alimentos básicos que necesites, distinguiendo entre productos perecederos (carnes, pescados, verduras y frutas frescas) y no perecederos. Estos últimos (leche, legumbres, aceite, vinagre, azúcar, pastas, bebidas, etc.) puedes adquirirlos en mayor cantidad y con menor frecuencia.

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El objetivo es adecuar el contenido de la despensa al ritmo de consumo de nuestro hogar

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La despensa debe tener de todo, pero en su proporción justa. Se trata, en definitiva, de rotar los alimentos y adaptar su contenido a nuestro ritmo de consumo. La disposición de los alimentos en el almacén está condicionada por la frecuencia de uso (los que utilicemos habitualmente estarán más cerca y a la vista) y por sus necesidades de conservación (mayor o menor exposición a la luz, humedad, corrientes de aire, etc). Ordenarlos por grupos (grasas y aceites, especias, frutas y verduras, productos envasados, otros) nos permite conocer al instante qué alimento tenemos disponible y cuál debemos reponer.

A temperatura ambiente

Según la Fundación Española del Corazón, una despensa cardiosaludable debe contener los siguientes productos básicos: aceite de oliva virgen, vinagre, arroz, harina, leche, azúcar, sal, pastas variadas, legumbres (lentejas, garbanzos y alubias), hierbas aromáticas, cereales, frutos secos, café, miel, conservas (atún, sardinas, espárragos, pimientos morrones, maíz, salsa de tomate triturado y frito, guisantes, alcachofas, judías verdes), patatas, cebollas, ajos, limones y pan.

  • Grasas y aceites: se han de resguardar de la luz en un lugar oscuro de la despensa.
  • Especias: no deben faltar laurel, curry, orégano, canela, pimienta, pimentón, nuez moscada, vainilla, tomillo, romero, comino y azafrán.
  • Frutas y verduras: los plátanos, tomates u otras frutas que no estén suficientemente maduras pueden dejarse a temperatura ambiente, al igual que las patatas, cebollas, ajos, limones y frutos secos. Para su correcta conservación los colocaremos en un lugar fresco y seco.
  • Productos envasados: una vez abierto el envase, debemos conservar estos productos en un recipiente distinto y guardarlos en la nevera.
  • Otros productos: pan (del día, tostado y de molde), harina, levadura, azúcar, sal, cereales.

Conservación en frío

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La carne y el pescado se conservan mejor en el estante de la nevera más cercano al congelador

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El frío es uno de nuestros grandes aliados para conservar los alimentos correctamente desde que llegan a casa hasta el momento de su consumo, ya que retrasa la aparición de bacterias patógenas, es decir, aquellas que pueden causar o propagar enfermedades. Los productos perecederos debemos guardarlos a una temperatura inferior a los 8 ºC, en la nevera (si se van a consumir a corto plazo) o el congelador (donde podemos almacenarlos durante semanas e incluso meses).
Es recomendable no llenar en exceso ni el frigorífico ni el congelador para que el aire frío pueda circular en su interior, y abrirlos sólo lo imprescindible para que mantengan una temperatura constante. Al igual que a temperatura ambiente, los alimentos que guardamos en frío también deben seguir una distribución concreta para su correcta conservación.

En la nevera

La temperatura del frigorífico debe oscilar entre 0 y 8ºC. No mezcles distintos tipos de alimentos (carne, pescado, lácteos...) y separa los crudos de los cocinados para evitar la contaminación de olores y sabores:

  • Carne y pescado frescos: son los alimentos más perecederos, por lo que deben colocarse en los estantes más cercanos al congelador, donde disfrutan de una temperatura inferior (unos 2ºC). Se guardan en recipientes cerrados con una rejilla en la base para evitar el contacto con el jugo que desprenden. El pescado fresco y limpio mantiene todas sus propiedades en la nevera durante 24 horas, mientras que la carne puede conservarse en perfecto estado hasta cuatro días dependiendo del corte de la pieza.
  • Embutidos, leche y derivados lácteos: se colocan en los estantes centrales y superiores, donde la temperatura varía entre 4 y 8ºC. Comparten espacio con las sobras de comida (debemos esperar a que se enfríen antes de meterlas en la nevera), pasteles, bollería con nata, y con todos aquellos productos cuyo envase advierta “Conservar en frío una vez abierto”. Los embutidos duran más en piezas enteras que en lonchas y se conservan mejor si los guardamos en recipientes cerrados o los cubrimos con papel de aluminio o plástico transparente. ¡Cuidado con el queso! Si está empezado, envuélvelo sólo en plástico transparente por la zona del corte. De lo contrario, favorecerás la proliferación de hongos. Utiliza además recipientes distintos para cada tipo de queso. La leche, una vez abierta, absorbe con facilidad los olores que desprenden otros alimentos, por lo que es recomendable que se conserve aislada en el estante superior.
  • Frutas y verduras frescas: pueden estropearse a temperaturas muy bajas, razón por la que se guardan en unos cajones específicos donde el termómetro puede alcanzar los 10ºC.
  • Huevos: excepto en verano, cuando el calor favorece la proliferación de microorganismos, pueden conservarse a temperatura ambiente, aunque el frío aumenta su vida útil. Se guardan con la punta hacia abajo para evitar el deterioro de la estructura interna y garantizar su conservación.
  • Semiconservas: reciben este nombre productos como las anchoas en vinagre, el surimi, las gulas, el paté y los ahumados, entre otros. Deben guardarse siempre en la nevera, ya que, a diferencia de las conservas, no se someten a un tratamiento térmico suficiente para eliminar los microorganismos y garantizar su conservación a temperatura ambiente.
  • Precocinados: listos para consumir, estos alimentos deben conservarse en el frigorífico.

No olvides que en la nevera los alimentos se conservan frescos durante un periodo de tiempo determinado. Fíjate en las fechas de consumo preferente y caducidad de las etiquetas y coloca los alimentos que acabas de comprar detrás de los que ya estaban en el frigorífico, con cuidado de que no tapen la pared del fondo, que es de donde procede el frío.

En el congelador

Los alimentos congelados mantienen sus principales propiedades nutritivas (vitaminas, sales minerales, proteínas, hidratos de carbono y grasas) por lo que este método de conservación es una excelente opción para aquellas personas que tienen poco tiempo para cocinar. De esta forma, pueden preparar con antelación sus platos preferidos y conservarlos hasta su consumo. Cuando congelemos un producto debemos tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Congela en pequeñas porciones.
  • Escoge productos frescos y que se encuentren en perfectas condiciones.
  • Lava con cuidado las hortalizas y las frutas, pélalas y déjalas secar antes de meterlas en el congelador.
  • Limpia bien el pescado y elimina las vísceras.
  • Retira la piel, huesos y partes grasas de la carne.
  • Guarda el alimento en un recipiente hermético con una etiqueta que indique la fecha de congelación.
  • Revisa periódicamente la temperatura del congelador: no debe superar los 18ºC bajo cero.

A la hora de descongelar un alimento, la opción más recomendable es sacarlo del congelador el día anterior y colocarlo en la parte baja de la nevera. Por último, recuerda que un alimento descongelado nunca debe volver a congelarse: su valor y consistencia se alteran, disminuye su valor nutritivo y se eleva el número de microbios presentes en dicho alimento.

¿Con qué llenamos el carro de la compra?

Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2004 la carne volvió a liderar el ránking de alimentos más consumidos en los hogares españoles; de cada cien euros que gastamos en comida, 23’8 euros se dedicaron a comprar carne. El resto de la despensa de un hogar medio en nuestro país se distribuye de la siguiente manera

  • Carne: 23,8%
  • Pescado: 13,9%
  • Leche y derivados lácteos: 12,3%
  • Fruta: 10,9%
  • Hortalizas y patatas: 9,8%
  • Pan, pasta y cereales: 8%
  • Azúcar y bollería: 5,4%
  • Cerveza, vino y licores: 3,5%
  • Bebidas no alcohólicas: 3%
  • Platos preparados: 2,9%
  • Aceites y grasas comestibles: 2,7%
  • Otros: 3,8%

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