Se acabaron las vacaciones de verano. Un año más, el ciclo se cumple y en el calendario asoma la cabeza septiembre, mes asociado inexorablemente con el regreso a las tareas que ocupan nuestro tiempo durante el resto del año. Mayores y pequeños se preparan para reencontrarse con sus obligaciones cotidianas. Los primeros rumian para sus adentros los días que quedan para volver a la oficina y los niños aguardan expectantes el inicio del nuevo curso escolar.
Lo habitual es que el final de las vacaciones venga acompañado por un sentimiento de tristeza y desasosiego, sobre todo si no hemos conseguido sacar el máximo provecho al periodo vacacional, “un tiempo necesario para romper la rutina de nuestros quehaceres en las épocas de trabajo”, asegura el doctor Luis de la Herrán, psicólogo y psicoterapeuta. Los hábitos y las costumbres “son necesarios para la adecuada salud emocional de las personas, pero romperlos, readquirir otros y olvidarse una temporada de nuestros comportamientos diarios es beneficioso”.
El sentido lúdico de la vida es algo profundamente enraizado en el ser humano –aprendemos jugando– y es sobre todo en vacaciones cuando disponemos del suficiente tiempo libre para desarrollar nuestros hobbies satisfactoriamente. Las actividades recreativas y culturales que disfrutamos en verano nos proporcionan una vía de escape para evadirnos de las responsabilidades laborales. Actividades placenteras “que nos reportan una sensación de satisfacción adicional, y siempre que las personas realizamos actividades que nos resultan agradables, nuestras emociones y sentimientos giran hacia el bienestar. Es evidente que cuanto más disfrutamos, mejor nos sentimos”, explica Herrán.
| Adelantar unos días el regreso vacacional permite adaptarnos sin esfuerzo al ritmo de vida habitual | |
Para aprovechar plenamente cada minuto de este merecido tiempo de descanso “debemos olvidarnos de la productividad: quien se exige llegar a una meta (éstas van a ser las mejores vacaciones de mi vida) probablemente no disfrute del camino, del día a día. En ocasiones, deseamos sacar tanto partido a nuestro tiempo libre que nos perdemos y no disfrutamos mientras alcanzamos nuestro objetivo”, señala el doctor. Si podemos, deberemos realizar las actividades que nos hayamos propuesto “pero siempre –añade– intentando disfrutar de los pequeños momentos, de las nuevas situaciones cotidianas que surgen en vacaciones y sacarles el punto de vista positivo”. Por ejemplo, si nos encontramos un atasco de tráfico camino de la playa, en vez de lamentarnos, ¿no es mejor opción aprovechar el momento para charlar con nuestros hijos de sus cosas? ¿o jugar y divertirse juntos en el coche mientras se despeja la carretera?
El problema, apuntan los expertos, es que mucha gente no sabe descansar, no desconecta del trabajo ni rompe con la rutina. Sólo cambia de escenario. Y las vacaciones sirven, precisamente, para recuperar fuerzas, recargar las pilas y afrontar el regreso a la actividad laboral o los estudios con energía y vitalidad. Hay personas que no saben qué hacer con su tiempo de ocio, en parte, porque están tan absorbidas por el trabajo que no han cultivado ninguna afición personal. En vacaciones se aburren, se estresan y sienten la misma insatisfacción que otros cuando tienen que volver a la oficina
Desde que en 1966 se publicara en Estados Unidos el llamado ‘informe Coleman’, estudios posteriores han confirmado que lo que ocurre fuera de las aulas explica, en gran parte, los resultados académicos de los alumnos. Y el tiempo de ocio de los pequeños –del que forman parte las vacaciones– juega un papel muy importante a este respecto. Viajar al extranjero para aprender otro idioma y otras formas de vidas, practicar modalidades deportivas, acudir a campamentos en plena naturaleza o visitar monumentos históricos con la familia son actividades con las que los pequeños disfrutan pero que, además, estimulan su aprendizaje y contribuyen a su desarrollo personal.
Según un estudio realizado por la prestigiosa Universidad Johns Hopkins (Baltimore, EE UU) los alumnos que durante el descanso estival iban más a la playa, practicaban deporte, acudían a cines, teatros, museos o zoológicos mejoraban su rendimiento en lectura y matemáticas. Por el contrario, aquellos niños que, sobre todo por imposibilidad económica de sus familias, no tenían acceso a este tipo de actividades bajaron su rendimiento en estas materias.
Luis de la Herrán recomienda que los niños “realicen, de vez en cuando, actividades escolares en vacaciones para que la vuelta a los deberes diarios sea más suave”. Para ilusionarles con el regreso al colegio, como padres, “debemos evitar mostrar ante ellos la convicción de que finalizar las vacaciones es sinónimo de decir adiós a la diversión”. Septiembre no es el mes del luto y los fines de semana también son vacaciones; diferentes, pero vacaciones al fin y al cabo. “Si mantenemos una estrategia de pensamiento positivo nos irá mucho mejor y nuestros hijos lo aprenderán sin que hagamos ningún esfuerzo especial”. También es recomendable que los niños mantengan cierto contacto con las personas que estuvieron en vacaciones –mediante carta, teléfono, mail o visitas los fines de semana– y hablar con ellos sobre los planes para las vacaciones de Navidad o de cara al próximo puente festivo.
No resulta extraño que los pequeños protesten por volver a clase. No debemos alarmarnos. Lo normal es que una vez comenzado el curso y pasadas dos semanas, todo vuelva a su cauce habitual. Si por el contrario, los días previos no puede dormir, tiene frecuentes pesadillas, no para de pelearse con su hermano o se niega a comer, en definitiva, “cuando estos problemas interfieran de manera evidente en el quehacer diario de ese hijo o de la familia, deberemos consultar con un psicólogo lo antes posible”, recomienda el doctor Herrán.
De igual manera que planificamos con antelación las vacaciones, también debemos dedicar tiempo a planificar el regreso a casa. Cada persona necesita establecer su propia rutina para organizar y desarrollar sus actividades de forma satisfactoria. Durante el verano, esta rutina se ve trastocada y es necesario un periodo de tiempo para restituir el ritmo de vida al que teníamos acostumbrado al organismo. Por ello, los expertos recomiendan adelantar dos o tres días la vuelta desde nuestro destino vacacional para aclimatarnos al asfalto y readaptarnos paulatinamente a nuestras costumbres.
| Cada persona necesita establecer su propia rutina para desarrollar su actividad de forma satisfactoria | |
Es hora de ajustar de nuevo los horarios que regirán en casa de ahora en adelante: levantarse, ir y venir del trabajo o el colegio, cenar, acostarse, etc. Intenta cumplirlos. De esta forma, evitarás las caras somnolientas, los bostezos y la apatía que suele reinar en el lugar de trabajo el primer día de septiembre.
En los últimos años se ha comenzado a hablar con frecuencia del llamado ‘síndrome posvacacional’, un mal aparente que no logra poner de acuerdo a los especialistas. Mientras unos defienden su categoría de enfermedad (y enumeran los siguientes síntomas: debilidad generalizada, desmotivación y tristeza, angustia vital, pérdida de apetito y capacidad de concentración, irritabilidad, etc.), otros, como el doctor Herrán, niegan su existencia como categoría diagnóstica: “Nos referimos simplemente a un conjunto de comportamientos, emociones y pensamientos que suelen aparecer al terminarse las vacaciones. Si no existen otros problemas mayores (ansiedad, depresión, problemas de conducta...), ese conjunto de síntomas desaparecen en unos días con la rehabituación al horario de trabajo”. Trabajar es inevitable, a no ser que te toque el premio gordo de la Lotería de Navidad. Analiza tu empleo. Seguro que hay muchos aspectos que te gustan. Como decía Voltaire: "El trabajo es una forma de ganarse la vida y, sobre todo, nos proporciona la oportunidad de ser útiles a la sociedad a la que pertenecemos". Tómatelo con filosofía y ¡feliz regreso!
| Consejos para afrontar el regreso al trabajo... |
|
| ...y al colegio |
|