| En toda dieta saludable se debe tener en cuenta la influencia de uno de los elementos comunes más cotidianos en nuestra cocina y en la cesta de la compra: la sal. Una alimentación sana y equilibrada debe ir acompañada de los niveles óptimos de sal en nuestro organismo. Su exceso, al que estamos culturalmente acostumbrados, puede provocar problemas de salud como la hipertensión, arterioesclerosis y obesidad y, por el contrario, su defecto, puede acarrear problemas de agotamiento, retención de líquidos y otras disfunciones relacionadas con la tensión. La sal ayuda a regular el volumen y la presión sanguínea. De hecho, la relación entre la sal y la tensión sanguínea era conocida hace ya unos 4.000 años. Sin embargo, no debemos eliminar la sal de nuestra alimentación. Debemos aprender a consumirla de forma balanceada, de forma razonable dado que este elemento cristalino y minúsculo es esencial e indispensable para el cuerpo humano. La moderación es una vez más la clave del consumo saludable de sal. |