Ya están aquí, imponen su presencia en los escaparates y nos atraen como un irresistible imán.
Rojas y brillantes, perfectas de forma, como recién salidas de manos de un artesano minucioso. Este artesano no es otro que la propia naturaleza, que año tras año renueva el milagro de devolvernos la ilusión sentir la explosión de sabor y el crujir de su carne en la boca.
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