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¿Y tú, qué vas a hacer esta Semana Santa? En Idea Sana EROSKI te proponemos algunos de los destinos más interesantes para que conozcas de cerca los ritos y tradiciones del Bajo Aragón, Zamora, San Vicente de la Sonsierra (La Rioja) y Tenerife. Disfrútalos.
Bajo Aragón a golpe de tambor
Medianoche del Jueves Santo. Más de 15.000 tambores y bombos ‘rompen la hora’, anunciando al unísono la muerte de Cristo con un estallido atronador. Un ritual ancestral que se celebra cada año en nueve pueblos de la comarca turolense del Bajo Aragón. Albalate del Arzobispo, Alcañiz, Alcorisa, Andorra, Calanda, Hijar, La Puebla de Hijar, Samper de Calanda y Urrea de Gaén conforman la Ruta del Tambor y el Bombo, uno de los destinos turísticos más visitados en Semana Santa. El genial cineasta Luis Buñuel, ‘el sordo de Calanda’, dio a conocer al mundo entero esta espectacular tradición, explosión del sentimiento religioso popular.
En Alcañiz, cabecera de esta comarca bajoaragonesa, destacan la procesión del Sellado del Sepulcro, el Sábado Santo, y la emocionante suelta de palomas en la Plaza Porticada la mañana del Domingo de Resurrección. El Monte Calvario de Alcorisa acoge la tarde del Viernes Santo la representación del ‘Drama de la Cruz’, una escenificación en vivo de la Pasión de Cristo en la que participa todo el pueblo. En Andorra, la tradición se funde en torno al Cristo de los Tambores, protagonista de una emotiva procesión. Un tren muy especial, ‘El tren tambor’, sale el Viernes Santo de Zaragoza en dirección a La Puebla de Hijar para que los visitantes disfruten de la magia de estas celebraciones.
Zamora vivencia íntima
La Semana Santa castellana invita al recogimiento y a la intimidad. Dicen los lugareños que dentro de Castilla y León, la Semana Santa de Zamora es una de las más interesantes. Son siete días en los que todos los zamoranos se involucran al máximo para participar de esta celebración que se prolonga durante toda una semana, y es que por esta pequeña ciudad salen en procesión tallas antiquísimas de incalculable valor. La Semana Santa de Zamora constituye la mayor y más profunda expresión de las tradiciones y el sentimiento del pueblo, lo que es motivo de atracción para millares de turistas nacionales e internacionales.
Sus orígenes se remontan al siglo XII; algunas de sus cofradías, como la de Vera Cruz, son de las más antiguas de nuestro país. La celebración utiliza como escenario de excepción las calles antiguas de la ciudad, que dan mayor sobriedad y recogimiento a los desfiles procesionales. Son precisamente las procesiones el eje central de la Semana Santa zamorana y cada una de ellas nos ofrece su ritual particular y diferente. La tradición procesional llega hasta tal punto que en Zamora desde bien pequeños, los hijos son inscritos en una o varias cofradías. Una buena excusa para realizar una visita a esta ciudad y comprobar la mezcla de tradición y religión que se transmite de generación a generación.
San Vicente de la Sonsierra
Esta pequeña localidad riojana, perteneciente a la comarca de Haro y situada a 33 kilómetros de Logroño, conserva una de las tradiciones más sobrecogedoras de la Semana Santa española. El Jueves y Viernes Santo, disciplinantes anónimos, vestidos de blanco y con la cara cubierta flagelan sus espaldas desnudas con correas de lino trenzado. Son los ‘picaos’ de San Vicente de la Sonsierra, protagonistas de una práctica estrechamente vinculada a la Pasión de Cristo que ha perdurado de forma ininterrumpida desde 1551, pese a las prohibiciones reales –Carlos III mandó suprimir las flagelaciones en 1777 porque invitaban al desorden y el libertinaje– y las guerras civiles.
El rito comienza a los pies de la Virgen de la Dolorosa, cuando los ‘picaos’, descalzos y a menudo con cadenas en los tobillos, se desprenden del capote gris y comienzan a azotarse la espalda. Recorren las calles del pueblo en silencio. Tras ellos, miembros de la Cofradía de la Santa Vera Cruz pican las espaldas de los disciplinantes con una bola provista de puntas de cristal para que brote la sangre acumulada en los hematomas. Algunos se someten a este rito doloroso por motivos religiosos; otros se flagelan por motivos personales. Pero todos reconocen experimentar un sentimiento muy especial de calma interior.
Tenerife mucho más que sol y playa
En Semana Santa, el colorido y la alegría del carnaval tinerfeño deja paso al silencio de las manifestaciones religiosas. Esta festividad se celebra con solemnidad en buena parte de la isla, donde se suceden las procesiones y las ofrendas religiosas. La localidad de La Laguna, situada en la vertiente norte de Tenerife, es la capital religiosa de la isla. Su inigualable entorno, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, concentra un buen número de actos que reciben la visita de miles de turistas. Los pasos procesionales de alta calidad artística y las cofradías, cuyas sedes se encuentran en las diferentes iglesias del municipio, recorren sus calles durante ocho días, comenzando el Domingo de Pasión y terminando el Viernes Santo con la Procesión del Santo Entierro. Por su sobriedad y recogimiento, el espíritu de la Semana Santa lagunera se acerca más a la de su homónima castellana que a la fervorosa explosión religiosa de las procesiones andaluzas.
La oferta turística de esta isla de origen volcánico se completa con su principal activo: un clima privilegiado y una gran diversidad paisajística. Los amantes de la playa podrán descansar bajo el sol en arenales paradisíacos bañados por el Atlántico. Y quienes prefieran el contacto con la naturaleza tienen a su disposición 43 espacios protegidos, entre los que sobresalen los Parques Naturales del Teide –con su imponente pico coronando la isla–, la Corona Forestal, Anaga y Teno. Tenerife: el destino perfecto para unas vacaciones completas.
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