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Año nuevo, vida nueva
Ignasi Carreras
Año nuevo, vida nueva
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“Tenemos mucho que aprender del Tercer Mundo”

En enero, ignasi carreras viajó a sri lanka para visitar a los afectados por el maremoto que asoló el sudeste asiático. A su regreso, el director general de intermón-oxfam españa habló con Idea sana eroski sobre la situación de los supervivientes, las promesas de ayuda de los gobiernos y la importancia de tener un corazón solidario: “las donaciones han ayudado a salvar muchas vidas”.

Ignasi CarrerasIdea Sana: Acaba de regresar de Sri Lanka, un viaje en el que ha podido comprobar sobre el terreno las consecuencias del maremoto. ¿Con qué situación se ha encontrado?
Ignasi Carreras: Lo primero que ves al aterrizar es una costa completamente devastada, como si una apisonadora hubiese pasado por encima arrasando con todo. En concreto, visité la región de Batticaloa, una de las zonas más afectadas por el maremoto. De sus 50.000 habitantes fallecieron más de 4.000. Intermón-Oxfam atiende allí a más de 10.000 personas refugiadas en nueve campos de desplazados. Todas las familias han perdido a alguien: un hijo, el marido, la madre... Además de sus viviendas y todas sus pertenencias. El maremoto se llevó por delante 125.000 casas y destruyó el 80% de la flota pesquera. Estoy impactado por el dolor de tantas familias.

I.S.: ¿Cómo se encuentran los supervivientes?
I.C.: La gente tiene miedo. Mucho miedo. Desconocían lo que era un tsunami. A Sri Lanka, ‘la Gran Ola’ –como ellos lo llaman– llegó dos horas después de producirse el maremoto. Era un domingo, a las 10 de la mañana, y había mucha gente paseando por las playas. De repente, las aguas se retiraron y la gente se adentró en el mar para ver qué pasaba. No entendían por qué el mar retrocedía. Fue entonces cuando el tsunami llegó a la costa y se tragó todo lo que encontró a su paso. Muchas de esas muertes se hubiesen podido evitar de existir en la zona un sistema de alerta temprana de seismos y si la población hubiese tenido conocimiento de qué es un tsunami, por qué se origina y cómo evoluciona.

I.S.: Por fortuna, en las semanas previas al maremoto, Intermón-Oxfam había desplazado material de ayuda a Sri Lanka en previsión de inundaciones.
I.C.: Así es. Se esperaban fuertes inundaciones en la zona para Navidad y gracias a esa ayuda de emergencia pudimos reaccionar con mucha rapidez. Ahora mismo los refugiados tienen cubiertas todas sus necesidades básicas: agua, mantas, colchones, alimentos... El reparto de agua potable entre la población y la retirada inmediata de los cadáveres de las calles han frenado la expansión de posibles epidemias, pero es algo que no se puede descartar.

I.S.: Al cumplirse un mes de la tragedia [la entrevista se realizó el 26 de enero] ¿qué cifras totales de afectados maneja su organización?
I.C.: En Sri Lanka hay más de 800.000 refugiados en escuelas y campamentos de tiendas. La previsión es que más de medio millón tenga que pasar por lo menos seis meses en asentamientos temporales. Y se teme que la construcción de todas las viviendas e infraestructuras necesarias se prolongue durante los próximos dos años. Las cifras totales exactas no se conocen. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios habla de más de 150.000 muertes confirmadas y millón y medio de desplazados en todas las zonas afectadas, sin contar las decenas de miles de desaparecidos.

I.S.: Desde Intermón-Oxfam ¿cómo valoran la respuesta de la comunidad internacional? ¿Hay promesas de ayuda de los gobiernos que todavía no han cumplido?
I.C.: La sociedad civil ha respondido con mucha generosidad. A nivel internacional nuestra organización ha recibido 180 millones de euros, lo que nos va a permitir actuar en todos los países afectados. Los gobiernos también han respondido de una manera importante pero han actuado a rebufo de la sociedad civil. Se han comprometido a donar unos 700 millones de euros para ayuda humanitaria de emergencia y, en una segunda fase, han prometido una importante cantidad de créditos FAD (Fondo de Ayuda al Desarrollo) para la reconstrucción.

EL PROBLEMA DE LOS CRÉDITOS FAD
I.S.: Ustedes han sido muy críticos con la concesión de estos créditos FAD.
I.C.: Lo que ocurre con los créditos FAD es que sólo se pueden ejecutar si el país receptor compra tecnología del país que concede estos créditos. Tecnología que muchas veces no necesita. Por otra parte, estos créditos los van a recibir países que ya soportan una importante deuda externa y que no desean estar más endeudados. Personalmente, espero que los gobiernos cumplan sus compromisos públicos respecto a las donaciones. En cuanto a los créditos FAD, no los consideramos la ayuda más adecuada para países que han sufrido una devastación semejante. Además, dudamos mucho de que se concedan en su totalidad.

I.S.: Han solicitado a Zapatero que los 50 millones de euros comprometidos por el Gobierno español en forma de créditos FAD se reconviertan en donaciones directas a Naciones Unidas. ¿Han obtenido alguna respuesta?
I.C.: No, y no somos muy optimistas al respecto. No pude hablar con Zapatero pero sí con la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Leire Pajín, quien me reconoció que esos créditos FAD no se pueden considerar ayuda humanitaria sino ayuda a la reconstrucción que se pone a disposición de los gobiernos por si la necesitan. El Gobierno de Zapatero ha declarado públicamente que desea aumentar la ayuda al desarrollo, pero es necesario que, en ocasiones de crisis humanitarias como ésta, disponga de unas reservas de recursos que le permita actuar rápidamente con donaciones.

I.S.: ¿A qué se refiere Intermón-Oxfam con la expresión ‘reconstrucción plus’?
I.C.: En los últimos 20 años los desastres naturales han matado a muchas personas en el mundo. El 98% de esas muertes se han producido en países del Tercer Mundo. La pobreza es la causa de que los desastres naturales tengan unas consecuencias tan dramáticas para la población afectada: pierden sus casas, sus medios de subsistencia –agricultura y pesca–, sus escuelas... La reconstrucción debe ir un paso más allá de la simple recreación de la situación de pobreza existente previa a los desastres naturales. Hay que aprovechar las ayudas que recibe el país para intentar que el mayor número de gente salga de la pobreza, para construir viviendas más dignas y seguras, para mejorar las infraestructuras y la educación... Esto significa ‘reconstrucción plus’.

I.S.: La ayuda y el dinero destinados a paliar la tragedia del Sudeste Asiático ¿pueden amenazar los fondos necesarios para solucionar las otras grandes crisis humanitarias abiertas en el mundo (Sudán, Uganda, República Democrática del Congo...)?
I.C.: Depende. Por lo que respecta a Intermón-Oxfam, no. Nuestra organización cuenta en España con 210.000 socios y donantes que aportan el 70% de la financiación –para 2005 manejamos un presupuesto de 55 millones de euros–. Esto nos permite estar en aquellas zonas del planeta donde existe una crisis humanitaria: estamos trabajando con más de un millón de personas desplazadas y refugiadas por el conflicto de Darfur (Sudán), con los afectados por el sida en Sudáfrica, con las comunidades indígenas que luchan por su subsistencia... Hemos de aprovechar que la ola de generosidad suscitada por el desastre de Asia se convierta en una marea permanente de solidaridad. En nuestras manos está que cada vez más personas sean menos vulnerables a los desastres naturales. Y esto no se logra con un donativo puntual.

LA LACRA DE LA INDIFERENCIA
I.S.: ¿Y cómo podemos contribuir individualmente?
I.C.: Haciéndonos socios y colaboradores de las ONGs, comprando productos de Comercio Justo –que permiten a muchas familias salir adelante con su propia actividad productiva–, apoyando campañas concretas... Pido a todas las personas que se han conmovido con el desastre del tsunami que miren de una manera más abierta y hagan suyo el trabajo de tanta gente que lucha por un futuro mejor para la humanidad.

I.S.: ¿Cree que la sociedad ha perdido el escepticismo sobre el uso que las ONGs hacen de los fondos que recaudan?
I.C.: Cada vez hay más personas que confían en las ONGs. El número de socios de Intermón-Oxfam en España crece un 10% cada año. ¡Duplicamos en socios al Real Madrid y al F.C. Barcelona! Aún así, todavía hay más gente que no colabora con las ONGs que gente que colabora.

“Los famosos son un referente para mucha gente y pueden influir a la hora de movilizar a la sociedad”

Y quien no colabora suele poner dos tipos de excusas: ‘No colaboro porque no me fío’ y ‘para que voy a colaborar si no va a servir de nada, con tantos problemas como hay en el mundo’. Los primeros no se fían porque no conocen: nunca han entrado en la web de una ONG, nunca han hablado con un socio o se han acercado a una oficina... Si fuésemos conscientes de la importancia que tiene para un pequeño productor de café de Centroamérica que compremos un paquete de café de Comercio Justo –por el que recibe el doble de dinero que cuando vende su producto a un canal tradicional– nos daríamos cuenta de lo importante que resulta colaborar con una ONG. La indiferencia es la principal lacra que tenemos que superar para conseguir que muchas más personas se involucren en construir una humanidad más justa donde la pobreza tenga menos espacio.

FAMOSOS SOLIDARIOS
I.S.: ¿Recurrir a rostros conocidos para las campañas solidarias es una forma de combatir esa indiferencia?
I.C.: Voy a poner un ejemplo. Hemos realizado charlas sobre nuestra labor en muchas universidades y la respuesta de los jóvenes ha sido muy limitada. Sin embargo, tras convencer a varios grupos de música –Coldplay, R.E.M., Amaral, Dover, La Oreja de Van Gogh, entre muchas otras bandas– para que en sus conciertos hagan suya la campaña ‘Comercio con justicia. Por un Comercio Justo’, hemos logrado reunir millones de firmas de gente joven en favor de esta iniciativa. El impacto ha sido impresionante. Los famosos son un referente para muchas personas y pueden influir a la hora de movilizar a la sociedad.

I.S.: Lo mismo que sucedió con Lady Di y su lucha contra las minas antipersonas...
I.C.: Exacto. La implicación de Lady Di en este tema nos dio muchísima notoriedad y permitió que mucha gente que no conocía la labor de las ONGs nos conociera a través del tipo de revistas en las que aparecía Lady Di. Colaborar con famosos no desvirtúa el mensaje. Se trata simplemente de incorporar a nuestra causa a personas que pueden arrastrar a otras personas hacia las ONGs.

I.S.: ¿Somos un país solidario?
I.C.: Sí, somos un país con un corazón muy solidario. Pero la solidaridad es una cuestión de corazón y de cabeza. Cuando ocurre una tragedia como la de Asia, España tiene un nivel de contribución alto pero, en cambio, el porcentaje de personas que son socias de una ONG es inferior al de otros países europeos.

I.S.: Después de visitar tantos países y comprobar la dramática situación en la que viven tantos millones de personas ¿qué diferencias de mentalidad encuentra entre la gente del Tercer y el Primer Mundo?
I.C.: En el viaje a Sri Lanka me ha acompañado un equipo de Televisión Española y los cámaras me decían: ‘¡El problema que tenemos es que la gente nos sonríe y aquí ha pasado algo dramático!’. Familias que lo han perdido todo todavía tienen la capacidad innata de sonreir y recibir al visitante con los brazos abiertos. Yo creo que eso lo hemos perdido en el Primer Mundo. Estamos demasiado ocupados con nuestros trabajos y nos olvidamos de que somos personas y estamos delante de personas. Hay un dicho hindú de los adivasi –la casta inferior, los más pobres entre los pobres– que reza: ‘Aunque en mi casa no tenga nada de comida que darte siempre tendrás un poco de agua y una estera en la que descansar’. En un viaje a la India pude comprobar que es cierto. Ellos celebraban el equivalente hindú a nuestra Navidad y en una casa me acogieron de una manera impresionante. ¿Haríamos nosotros lo mismo? ¿Acogeríamos en nuestra casa, el día de Navidad, a un desconocido recién llegado de la India? Me temo que no. Tenemos muchas cosas que aprender de la gente del Tercer Mundo.

“Los famosos son un referente para mucha gente y pueden influir a la hora de movilizar a la sociedad”

I.S.: ¿Qué significa para usted el término ‘globalización’?
I.C.: La globalización es como la gravedad: existe. En mi opinión, está marcada por unas reglas de juego que dan una serie de privilegios a los que tienen más y perjudican a los que tienen menos, algo muy evidente en el comercio internacional. La globalización ha provocado que los países pobres abran sus fronteras para que entren los productos de los países ricos mientras que los países del Primer Mundo tenemos fronteras selectivas. Además, la globalización impide a los países pobres subvencionar sus productos cuando los exportan; en cambio, los países ricos sí podemos y exportamos a un precio inferior al precio de coste. Estamos hipotecando el futuro de estos países. Otra consecuencia es que los Estados han disminuido su poder y ha aumentado el de las grandes empresas trasnacionales.

I.S.: ¿El Pacto Mundial en materia de Responsabilidad Social Corporativa, promovido por la ONU y al que se han adherido tantas empresas importantes, servirá para cambiar la actual situación de desigualdad?
I.C.: Si queremos avanzar hacia un desarrollo igualitario es fundamental que las empresas asuman su cuota de responsabilidad social en materia de derechos humanos, derechos laborales y medio ambiente. Y, en este aspecto, EROSKI es un buen ejemplo. Para Intermón-Oxfam tan importante es que una empresa nos conceda una ayuda puntual para los afectados por el tsunami como que, si produce un artículo en Tailandia, lo haga respetando unas condiciones laborales dignas para los trabajadores locales. Hoy en día, el valor de una empresa depende no sólo de su tecnología, sino también de la imagen que tiene entre sus consumidores.

I.S.: ¿Qué valoración hace Intermón-Oxfam de los acuerdos de colaboración suscritos con EROSKI?
I.C.: EROSKI tiene una gran ventaja para Intermón-Oxfam: el tipo de empresa que es. Al nacer como una cooperativa representa unos valores –respeto por los derechos humanos y el medio ambiente, fomento de la solidaridad...– que son los mismos valores que nos mueven a nosotros. Además, EROSKI ha puesto en marcha buenas prácticas de responsabilidad social. Estamos muy contentos de colaborar con EROSKI en tres vertientes: en las campañas puntuales de emergencia, en las quincenas anuales de Comercio Justo –EROSKI fue la primera gran empresa de distribución que comenzó a vender productos de Intermón-Oxfam en sus tiendas– y a través de su página web y sus revistas, donde siempre podemos opinar y fomentar nuestras campañas.

Un consumidor “responsable”
  • Tras ostentar la máxima responsabilidad de Intermón-Oxfam en España durante diez años, Ignasi Carreras abandona este verano la dirección de la ONG para convertirse en un socio más. Empezó como voluntario a los 17 años, cuidando disminuidos físicos. Licenciado en Ingeniería Industrial, entró en Intermón-Oxfam en 1988 y en 1995 fue elegido director general de un equipo que suma 210.000 socios y más de mil voluntarios.
  • Se considera un consumidor “responsable”. Antes de comprar un producto siempre trata de saber si la empresa que lo produce “ha tenido alguna denuncia de malas prácticas medioambientales, si utiliza mano de obra infantil... Esas empresas las evito. Pero si luego me demuestran que han cambiado su política, vuelvo a consumir sus productos”.
  • Casado y con dos hijos, en su vida privada aporta su grano de arena al desarrollo sostenible reciclando los residuos urbanos y consumiendo productos de Comercio Justo: “Cacao, azúcar, arroz, especias... Excepto café, al que nunca he sido aficionado, consumimos prácticamente todos los productos que se venden en las tiendas de Intermón-Oxfam”.
  • Ignasi Carreras también se preocupa por el ahorro de energía en el hogar: “Antes de entrar en Intermón-Oxfam trabajé como ingeniero industrial y me dedicaba precisamente a eso, al ahorro energético. Así que en casa, tanto mi mujer como yo inculcamos a nuestros hijos la importancia de consumir sólo la energía necesaria”.
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