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Año nuevo, vida nueva
Ramón García
Año nuevo, vida nueva
Año nuevo, vida nueva


"Soy un eterno aprendiz"

Además de amigos y parientes lejanos, un invitado muy especial se cuela cada nochevieja en casa de millones de españoles para ser el primero en dar la bienvenida al año nuevo. Ramón García, el presentador de televisión más querido por el público, cumple dos décadas como profesional de la comunicación y charla con idea sana eroski sobre su vida, inquietudes, deseos y proyectos para 2005.

Presentador y amigo de fundación eroski

Veinte años de trayectoria profesional han convertido a Ramón García (Sodupe, Vizcaya, 1961) en un referente indiscutible en el mundo de la comunicación en España. Comenzó en la radio “por casualidad”, tras presentarse un buen día de 1983 a un concurso de ‘disc-jockeys’ convocado por la Cadena SER de Bilbao. Después de trabajar en Los 40 Principales y Radio Euskadi, en 1989 da el salto a la pequeña pantalla de la mano de la televisión autonómica vasca. Con un estilo espontáneo y natural –“Lo importante es ser tú mismo”, confiesa–, Ramón se ha ganado el corazón de los espectadores gracias a programas de entretenimiento como ‘Qué apostamos’ y ‘Gran Prix’.
Perfecto anfitrión televisivo en las campanadas de Nochevieja, su deseo para el año que comienza es “el mismo de siempre: ‘Virgencita que me quede como estoy’. La vida, tanto en lo profesional como en lo personal, me va bien. Parece que las piezas que conforman el puzzle de mi vida encajan”. 2005 se presenta lleno de expectativas: “Afianzar mi programa ‘Punto en boca’, en Punto Radio, y dar salida a un par de grandes proyectos para televisión que están en cartera”.

Idea Sana: ¿Cómo surgió la oportunidad de regresar a la radio?
Ramón García: Yo me considero un hombre de radio. Comencé en Los 40 Principales de Cadena SER Bilbao. Los directivos de Vocento –grupo de comunicación propietario de Punto Radio– sabían que mis inicios profesionales se remontan a la radio y se pusieron en contacto conmigo para ofrecerme presentar y dirigir el magacín dominical ‘Punto en boca’.

I.S.: Dejaste la radio en 1992 y, desde entonces, no habías vuelto a trabajar en este medio. ¿Tenías mono?
R.G.: Sí, sí. Mono, orangután... ¡y la selva completa! (risas). Tenía muchas ganas de volver a la radio. Durante los últimos tiempos he recibido alguna que otra propuesta, pero han sido unos años tan intensos en televisión que, por una cosa u otra, no encontraba tiempo para otros proyectos.

I.S.: ¿Ha cambiado mucho el medio desde 1992?
R.G.: No. Lo bueno que tiene la radio es que sigue siendo fiel a sí misma: te exige ser innovador, imaginativo y poner tu sello personal en todo lo que haces. En la radio sólo cuentas con tu voz y tienes que esforzarte en que sea atractiva para el oyente.

I.S.: Como profesional de la comunicación ¿qué aporta la radio que no tenga la televisión?
R.G.: Una mayor libertad y autonomía a la hora de trabajar. En algunos programas de televisión que he presentado tenía detrás un equipo de ¡150 personas! Sin embargo, en ‘Punto en boca’ somos tres personas y hacemos cinco horas de programa. Y, por supuesto, la inmediatez, la cercanía con el oyente. En mi programa los micrófonos siempre están abiertos para los oyentes: charlamos, nos dejan sus quejas y sus dudas... En definitiva, entablar un diálogo cercano y sincero con el oyente.

“Con mi programa de radio pretendo entablar un diálogo cercano con los oyentes”

I.S.: La guerra de audiencias también se libra en la radio?
R.G.: Sí, sí. Hay una lucha muy fuerte. En cuanto se publica el Estudio General de Medios –indicativo de las audiencias registradas en un determinado periodo– los directivos se vuelven locos. Pero no puedes dejarte guiar por las cifras. Lo esencial es hacer una buena programación que sea atractiva para el público.

I.S.: Algo que mucha gente desconoce es tu faceta de productor televisivo.
R.G.: Soy socio fundador desde hace 14 años de la empresa Europroducciones. ¡Ahí sí que sufro por las audiencias! El de productor es un trabajo que no se ve. Las temporadas que no aparezco en televisión las paso en mi empresa preparando programas para otras cadenas, nacionales y autonómicas. Hace poco que hemos llegado a un acuerdo para vender el programa ‘Grand Prix’ a Venezuela, Argentina y Uruguay.

I.S.: Es uno de tus hitos como presentador. Cada verano ‘Grand Prix’ regresa a la programación de La Primera y arrasa en los rankings de audiencia.
R.G.: Y son ya diez años consecutivos como líderes. Un récord. Pero lo que más ilusión me hace no es que sea el más visto, si no el más querido. Muchas madres me dicen: ‘Ramón, en cuanto empieza ‘Grand Prix’ tengo a mis hijos sentados frente al televisor’. Y me encanta tener tanto público infantil. Nunca en la historia de la televisión en España había existido un programa de entretenimiento que hubiese durado en antena diez años consecutivos como líder de audiencia. Excepto ‘Grand Prix’

Traspasar la cámara

I.S.: Acabas de cumplir veinte años como profesional de la comunicación. Después de todo este tiempo de éxitos y premios ¿que te queda por aprender?
R.G.: Todo. Me considero un eterno aprendiz. Esa es la base de esta profesión: seguir aprendiendo. El día que creas que ya lo sabes todo de este negocio estás acabado. Hay muchas cosas que aprender delante de la cámara y muchísimas más detrás.

I.S.: Además de unas ganas eternas de aprender ¿qué otras cualidades debe reunir un buen comunicador?
R.G.: Algo que ni se aprende ni se enseña en las facultades de Periodismo: la capacidad de traspasar la cámara. Ya puedes ser el más alto, guapo, educado e ir vestido a la última. Si no traspasas la cámara no has conseguido lo que tienes que conseguir como presentador: llegar al espectador.

I.S.: ¿Se puede engañar a la cámara?
R.G.: No. Imposible. La única opción es ser tú mismo. A la cámara no se la puede engañar. Hay alumnos de Periodismo que se acercan y me dicen: ‘Ramón, te admiro mucho. Cuando trabaje quiero ser como tú’. Primer error. Yo siempre les respondo: ‘¡Pero si Ramón García ya hay uno! ¿Para qué quieres ser igual que yo? Serías una copia. ¡Sé tú mismo! Con tus virtudes y tus defectos’. Yo soy el mismo Ramón García en el trabajo, en la calle y en casa.

"Ana Obregón siempre ha jugado a ser dos personas: la famosa loquita, y la madre sensible y trabajadora"

I.S.: Has formado pareja televisiva con muchos rostros conocidos pero el público siempre se acuerda del tándem Ramón García-Ana García Obregón. ¿La imagen que ofrecen de ella los medios de comunicación es muy distinta a cómo es Ana realmente?
R.G.: Ana siempre ha jugado a ser dos personas: la popular, la loquita, Antoñita ‘La Fantástica’... y otra, la Ana madraza, sensible y buena hija. Y la gente –que no tiene la suerte de conocerla tan bien como yo– se queda con la imagen pública que proyecta. ¡Aunque a veces Ana hace cosas que incluso a mí me sorprenden! Yo creo que ella se presta al juego del circo del corazón porque en realidad se siente sola. Somos grandes compañeros y amigos. Son muchos años trabajando juntos...

I.S.: Ana es uno de los muchos famosos que sufren el acoso continuo de determinados medios. ¿Cómo has conseguido mantenerte al margen de esta vorágine?
R.G.: Yo siempre digo que si tú te haces respetar la gente te respeta. Yo soy un profesional como cualquier otro, que se dedica a presentar programas de televisión y radio. Punto. Hago una vida completamente normal. Del trabajo a casa y de casa al trabajo. Si algún medio decidiera seguirme día y noche se iba a aburrir bastante, te lo aseguro (risas).

Espectador Aburrido

I.S.: ¿Y quién es el culpable de esta situación: el famoso que vende las exclusivas, los programadores de televisión o la audiencia?
R.G.: ¡Buff! Es la pescadilla que se muerde la cola. Hoy en día se necesita mucho material audiovisual para llenar los programas. A este hecho se ha unido la aparición de famosillos sin oficio ni beneficio que son quienes alimentan este tipo de espacios. Y viceversa. En mi opinión, la culpa es de los programadores, de quienes hacemos la televisión. Y me incluyo como productor. ¿Qué culpa tiene Rocío Jurado de tener cinco cámaras de televisión a la puerta de su casa todas las mañanas? Y estamos hablando de una mujer que está recuperándose de un cáncer. ¡Que le dejen vivir en paz, por favor!

I.S.: No pareces muy contento con la televisión actual...
R.G.: No. La televisión no puede seguir con los actuales contenidos. Hay otras alternativas pero perseguir a un famosete es más barato y más sencillo. Y no es un caso exclusivo de España. En el resto de Europa y en Estados Unidos la programación está copada por ‘reality shows’, ‘grandes hermanos’ y programas del corazón. Hay que dejar paso a la creatividad. Hay un montón de formatos buenísimos que se están pudriendo en los cajones de las productoras porque las cadenas apuestan por lo seguro. No quieren correr riesgos. Por eso digo que la culpa es de quienes hacemos la televisión. El público, al fin y al cabo, ve lo que le pones. Y yo, como espectador, estoy aburridísimo. Veo dos o tres series, alguna película... y se acabó.

I.S.: ¿Se está abusando del término ‘telebasura’ para definir determinados formatos?
R.G.: Sí, porque también hay ‘radio basura’ y ‘prensa basura’. La verdadera ‘telebasura’ es aquella que denigra a los invitados y, sobre todo, la que engaña al espectador. Si la gente supiera la cantidad de actores que se hacen pasar por ciudadanos anónimos en los programas de testimonios... ¡Pero si todo es mentira!

I.S.: Tienes una hija de muy corta edad...
R.G.: Tiene 17 meses. Y ya sabe encender la tele

I.S.: ¿Te preocupa lo que pueda ver en el televisor?
R.G.: Por supuesto. Y voy a estar muy pendiente del tema. Las cadenas de televisión deben cumplir lo pactado y programar espacios edificantes en horario infantil. Aunque no soy muy optimista al respecto. Ya verás como dentro de seis meses siguen ofreciendo cada tarde la misma bazofia de siempre. Al tiempo.

‘Ramontxu’, un consumidor Idea Sana eroski
En persona, Ramón García (‘Ramontxu’ para los amigos) destila la misma cercanía y confianza que le han convertido en uno de los presentadores más queridos por los espectadores de televisión. Y por los radioyentes. Porque cada domingo por la mañana, Ramón enciende los micrófonos de su programa ‘Punto en boca’ (Punto Radio), “un magacín de entretenimiento, participación y diversión” que también se preocupa por “transmitir buenos hábitos saludables que ayudan a mejorar nuestra calidad de vida”.
  • Alimentación: asegura cuidar su alimentación e intenta comer en casa “siempre que puedo”. En su cesta de la compra no pueden faltar “pan y un buen aceite de oliva”. Para desayunar toma “un zumo de naranja y unas tostadas con mantequilla”. Si tiene prisa, “una infusión; nunca café, sólo alguno después de cenar si salgo con los amigos”.
  • Gastronomía: disfruta entre los fogones, “como buen vasco”. Maestro a la hora de cocinar el bacalao al pil pil y las patatas en salsa verde, asegura con ironía que “el marmitako ‘a lo Ramontxu’ es conocido en el mundo entero”. Le encanta comer y esta pasada Navidad se ha puesto fino a cocido, “con su sopita, su huesito...”. Y para beber, “un buen vino tinto. Me encanta el rioja pero últimamente he abierto mis expectativas y he descubierto la cantidad y variedad de buen vino que hay en España”.
  • Consumo: se considera un consumidor responsable: “La compra la hacemos mi mujer y yo. Nos gusta saber qué estamos comprando y por qué lo compramos”. Le preocupa el deterioro del medio ambiente y aporta su granito de arena “reciclando en casa los residuos de papel, vidrio y plástico”.
  • Ocio: Sobre su mesilla yacen, sin estrenar, los últimos libros de Arturo Pérez-Reverte (‘Cabo Trafalgar’) y de Gabriel García Márquez (‘Memoria de mis putas tristes’). La novela ‘Cien años de soledad’, del premio Nobel colombiano es uno de sus libros de cabecera: “Lo he leído una docena de veces y todavía me sigue fascinando”. Sin embargo, reconoce que, “por vagancia”, no practica ningún deporte.
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