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Viajes: Budapest, la perla del Danubio
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Budapest, la perla del Danubio
Testigo mudo de revoluciones, conspiraciones y guerras, la capital de Hungría todavía retiene en sus calles y puentes el mágico esplendor de los viejos tiempos. Un viaje romántico a ritmo de vals sobre las aguas del Danubio azul.
FOTOS: Gonzalo M. Azumendi.

Romántica, seductora, elegante, decadente. Son sólo algunos de los muchos adjetivos que se agolpan en la mente del viajero cuando aterriza en Budapest. Unión de dos ciudades –Buda y Pest– separadas por el majestuoso Danubio, emperador de los ríos europeos, la capital húngara todavía retiene en sus edificios, plazas, puentes y castillos el esplendor de los tiempos pasados.
Porque si de algo puede presumir esta ciudad, conocida como ‘la perla del Danubio’, es de su incomparable riqueza histórica. Pero recorrer las calles de Budapest no supone únicamente un reencuentro con parte de la historia más apasionante del viejo continente; es, sobre todo, un viaje lleno de sorpresas para los sentidos, un cúmulo de sensaciones que hace tiempo creíamos olvidadas.

En el año 896 d. C. siete tribus magiares llegadas de los Cárpatos derrotaron a los romanos y se asentaron en estas tierras bañadas por el Danubio. Fundaron dos ciudades: Buda, levantada sobre una colina, fue durante siglos la urbe principal y en ella se encuentran los más destacados monumentos históricos. En la orilla contraria, Pest se extiende sobre un manto liso; desde finales del XIX se ha desarrollado como la zona comercial de la ciudad y, actualmente, sus barrios son los más vitalistas y donde se encuentran los mejores hoteles y restaurantes. En 1873, Buda y Pest –ya unidas por preciosos puentes– se hermanaron dando lugar a la actual capital magiar.

RECUERDOS DE SISSI
iniciamos nuestro recorrido en Buda. En lo alto de la Colina del Castillo se alza orgulloso el Bastión de los Pescadores. Declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, esta fortificación de siete torres con cúpulas puntiagudas –en honor de las siete tribus fundadoras– goza de un privilegiado emplazamiento. Sus viejos muros sirvieron de lugar de vigía para los distintos pueblos que a lo largo de los siglos dominaron la ciudad.
En el interior del castillo destaca la estatua ecuestre de San Esteban, fundador y patrono de Budapest, y la Iglesia de Nuestra Señora (más conocida como Iglesia Mathias), testigo de la coronación de gran parte de los monarcas húngaros, incluidas la del emperador Francisco José I y su mujer, Sissi. Tanto las calles de Buda como las de Pest rezuman recuerdos de la célebre emperatriz, icono del romanticismo decimonónico desde que la bella Romy Schneider inmortalizara su figura en la gran pantalla. Según sus biógrafos, fue en el Palacio Real de Gödöllö, situado a unos 20 kilómetros al norte de la capital, donde Isabel de Baviera, Sissi, pasó los años más felices de una vida marcada por el infortunio.
Descendemos la Colina del Castillo en dirección al Danubio y llegamos al puente más importante y fotografiado de Budapest: el Puente de las Cadenas. Construido a mediados del siglo XIX, su longitud alcanza los 400 metros y sus pilares emulan a arcos del triunfo, entrelazados por las cadenas que le dieron nombre. Al igual que muchos de los monumentos de la ciudad, fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido después en su forma original.

Budapest, la perla del Danubio

BAÑOS DE SALUD
Todavía en Buda, el funicular nos traslada hasta el Palacio Real. Sus jardines habitados por hieráticas estatuas de reyes y emperadores dan acceso a los museos: la Galería Nacional, el Museo de Historia, de Arte Contemporáneo y la Biblioteca Nacional.
Las terrazas del Monte Gellért acogen, posiblemente, las mejores vistas de Budapest. Allí se encuentra el centro termal más conocido de la urbe magiar, el Hotel Gellért, de estilo ‘art nouveau’ y construido en 1918. Gracias a sus piscinas –la principal, rodeada de columnas y revestida de azulejos multicolores, sirvió de localización para la campaña publicitaria de una conocida marca de yoghourts– Budapest consiguió en 1934 la categoría de ‘ciudad balneario’. Los baños termales –hay tantos, tan distintos y tan asequibles que es recomendable probar varios– son herencia de su pasado romano y turco, y se han convertido en uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad. En Széchenyi, de ambiente versallesco, uno puede sumergirse en sus cálidas aguas al aire libre y jugar una partida de ajedrez mientras los copos de nieve caen y se derriten al entrar en contacto con el vapor.
Nos dirigimos a Pest y cruzamos el Danubio sobre uno de los nueve puentes que unen las dos zonas de la capital. Junto al de las Cadenas, destacan el Puente de la Libertad, el Puente de la Emperatriz Isabel y el Puente Margarita, que muere en la isla del mismo nombre, verdadero pulmón verde de Budapest; un remanso de paz con árboles centenarios, iglesias en ruinas, piscinas, baños termales y un auditorio abierto en el que se celebran en verano espectáculos de ballet y ópera.
El edificio de la Ópera, ubicado en la lujosa avenida Andrassy, es un imponente edificio de estilo neorrenacentista construido a semejanza de la Ópera de Viena. El amor por la música se respira en cada rincón de Pest. La oferta es abrumadora y en sus coquetos cafés la música clásica se entremezcla con el jazz, el folclore zíngaro y el olor a tiramisú y tarta de manzana. No es ninguna casualidad que aquí nacieran célebres compositores como Liszt, Bartok y Kodaly. El Parlamento Húngaro, a orillas del Danubio, es el otro gran monumento significativo de la zona de Pest. Se erigió para conmemorar el fin del primer milenio y para su construcción se tomó como modelo el Parlamento de Westminster, en Londres.

CENA EN BARCO
Los amantes del arte lo tendrán difícil a la hora de decantarse por alguno de los numerosos y curiosísimos museos repartidos por la ciudad. El Palacio de los Milagros, primer centro de juegos interactivos fundado en Europa central, el Museo de la Criminología, que expone cuerpos del delito y en cuyas galerías se reconstruyen crímenes famosos; el fantasmagórico Parque de las Estatuas, que reúne gran parte de los monumentos de la época soviética, y el Museo del Vino, donde se pueden degustar algunos de los más de setenta caldos del país, incluido su poderoso y autóctono ‘Sangre de Toro’. De visita obligada es el Museo de Bellas Artes, una de las pinacotecas de lienzos de autores españoles más importante fuera de nuestras fronteras.
Quien decida acercarse hasta esta hermosa ciudad –una visita que puede combinarse con breves estancias en Praga y Viena, las otras dos joyas de Centroeuropa– no debe marcharse sin navegar sobre las aguas del Danubio en alguna de las numerosas embarcaciones que recorren su cauce.
Al caer la noche, una romántica cena sobre la cubierta de un barco, amenizada por el sonido de los violines zíngaros, se convierte en el broche perfecto para decir “adiós” a una ciudad única: Budapest, la perla del Danubio.

LA GUÍA DE IDEA SANA
Hungría está situada en el corazón de Centroeuropa y limita con Eslovaquia, Austria, Croacia, Yugoslavia, Rumanía y Ucrania. El idioma oficial es el húngaro, pero resulta fácil comunicarse en inglés o alemán. La moneda es el forint (dividido en 100 fillers). La capital, Budapest, cuenta con 2.200.000 habitantes. El aeropuerto Ferihegi está a 25 kms. de la ciudad. Para llegar al centro se puede utilizar el Centrum Minibus, que cuesta unos 4 euros
DÓNDE DORMIR:
ÁRT´OTEL (Bem Rakpart, 16-19): Céntrico y a orillas del Danubio. 4 estrellas.
KEMPINSKI HOTEL CORVINUS (Erzsébettér, 7-8): Muy elegante, junto a la zona de museos.
GRAND HOTEL HUNGARIA (Rákóczi ut, 90): Situado junto a la estación Keleti, en cuyos andenes todavía para el legendario tren Orient Express

DÓNDE COMER:
ALÁBARDOS (Országház ut, 2): Pequeño pero con gran encanto. Deliciosas sopas agrias, asados flambeados y ‘mignon’ a la pimienta verde.
ARTICSOKA (Zichy J.v. 17): Nueva cocina húngara. El lugar de moda.
POSTAKOCSI (Fö tér, 2): Un sótano en el vieja Buda. En su carta destaca el solomillo de Transilvania.
CARMEL PINCE (Kazinczy u. 31): Según los especialistas gastronómicos, el mejor restaurante judío de la ciudad.

DÓNDE COMPRAR:
La calle peatonal Váci y la avenida Andrassy, en Pest, vertebran la principal zona comercial de la ciudad. En ellas se encuentran las más elegantes tiendas de moda. A su alrededor se extienden pintorescos mercadillos al aire libre: Bosnyak, Elmankias, Dimitrov y Ezseri son los más visitados. Imprescindible acudir al Mercado Central, también llamado ‘la despensa de Budapest’ por la enorme variedad de productos frescos que ofrece. Las tiendas especializadas en antigüedades y objetos de decoración se agolpan en la calle Falk Miksa.

DE COPAS:
CAFÉS. CENTRAL (Károlyi Mihály ut, 9): Elegante y romántico. El piso superior acoge un restaurante.
MÜVÉSZ (Andrássy ut, 23): Según algunos, aquí se sirve el mejor café de la ciudad.
CERVECERÍAS. PIAF (Nagymezö ut, 25): Muy popular y bulliciosa.
KALTERNBERG (Kinizsi ut, 30-36): Fabrica su propia cerveza.
CLUBES. EL TROCADERO (Pest): Aires latinos.
ELTE (Károlyi Mihály ut): Ambiente universitario.
CRUCERO DUNA-BAR (Muelle 3, junto al Förum): Música disco para bailar sobre las aguas del Danubio.

BAÑOS TERMALES:
GÉLLERT (Szent Géllert tér, 1): Precioso hotel modernista famoso por sus piscinas termales, de olas artificiales y aguas efervescentes.
SZÉCHENYI (Allatkerti ut, 11): Toda una institución en el viejo continente. Sus aguas brotan de fuentes a una temperatura de unos 75ºC.
KILÁRY (Fö ut, 82-86): Herencia turca en sus baños de vapor

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