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Agua, energía para tu cuerpo Agua para la vida, agua para respirar, agua para comer, agua para llorar, agua para pensar, … El agua es una fuente de energía importante para el ser humano, sin ella, el organismo no podría desarrollar sus funciones básicas. Descubre con nosotros todo lo que esta fuente de hidratación básica hace por ti.

El agua es el principio de todas las cosas. Está presente en las células del cuerpo y colabora en todas las funciones del organismo. Es vital para el ser humano, y adoptar hábitos que faciliten ese aporte de líquidos es fundamental para mantener la salud.
El cuerpo humano no almacena el agua, por eso, la cantidad que perdemos cada día debe restituirse para garantizar el buen funcionamiento del organismo.
Para cualquier persona sana, la sed es una guía adecuada para tomar agua, excepto para los bebés, los deportistas y la mayoría de las personas enfermas y ancianas. En estos casos, conviene programar momentos para ingerir agua.
Descubre con nosotros las claves para conseguir una buena hidratación.

DIME CUÁNTO PESAS Y TE DIRÉ CUÁNTA AGUA TIENES
Un cuerpo hidratado tiene más del 50% de su peso en agua; el resto, se distribuye entre grasa, músculo y huesos.
El contenido de agua en el cuerpo está estrechamente relacionado con el peso, el sexo y la edad. Hay una relación inversa entre lo que pesamos y el agua que tiene nuestro organismo: tenemos menos agua cuanto mayor es nuestro peso. Esto se significa que las personas obesas tienen menos agua total en su cuerpo que las personas delgadas.
La edad también marca la cantidad de agua del organismo, a medida que vamos cumpliendo años disminuye. Los recién nacidos tienen un 70% de su peso en agua, los adultos casi un 60% y los ancianos un 55%. Además, el hombre tiene más agua que la mujer.


10 razones para hidratarte
01 Facilitas el transporte de nutrientes en tu organismo.
02 Regulas la temperatura de tu cuerpo.
03 Hidratas tu piel.
04 Facilitas la digestión.
05 Aumentas tu capacidad de concentración en los estudios o en el trabajo.
06 Consigues que tus riñones funcionen mejor.
07 Ayudas a diluir líquidos corporales.
08 Previenes el riesgo de cálculos renales.
09 Regulas el mecanismo de la sed.
10 Aumentas tu esperanza de vida.


DISTINTAS NECESIDADES EN INVIERNO Y VERANO
Las necesidades corporales de líquido varían según la época del año. En verano, perdemos más líquidos corporales que durante el resto del año. Las elevadas temperaturas, la humedad y una mayor sudoración hacen que necesitemos tomar más líquidos. Agua fresca, zumos, helados y sorbetes o sopas frías son las principales bebidas a las que recurrimos para saciar la sed. En verano es más fácil cubrir las recomendaciones de hidratación.
En invierno, el frío nos vuelve perezosos para tomar agua. Así que para asegurar la hidratación y templar el cuerpo, podemos tomar bebidas más calientes como caldos, sopas o infusiones.
El organismo también necesita más cantidad de agua cuando sufre mayores pérdidas de líquidos, como durante la práctica de ejercicio intenso, bajo estados febriles o un clima muy húmedo.

EL AGUA QUE COMEMOS
Los alimentos que comemos son nuestra segunda fuente de hidratación. Las frutas y verduras pueden alcanzar entre un 80 y un 90% de su peso en agua. Otros alimentos, como la carne, el pescado y el queso tienen valores que van desde el 50% al 70% de agua. En el otro extremo están las harinas, las legumbres y los frutos secos, que son los que menos agua contienen.
Si incluimos estos alimentos en nuestra dieta, ingerimos de 1 a 1,5 litros de agua casi sin enterarnos. Es decir, que comemos la mitad del agua que nuestro cuerpo necesita al cabo del día.


¿Estás bien hidratado?
Descubre las claves para saber si tienes una buena hidratación.
Revisa tus hábitos diarios y responde este cuestionario. Si contestas afirmativamente a todas, cubres tus necesidades de hidratación. Si hay algún “no” entre tus respuestas, debes esforzarte por ingerir más líquidos. Y si predomina claramente el “no”, tienes una hidratación deficiente.
  ¿Bebes más de 6 vasos de agua al día?
  ¿Tomas líquidos como sopas, infusiones o zumos en algún momento del día?
  ¿Comes fruta y verdura regularmente?
  ¿Tu dieta incluye más carnes y pescados que pasta y legumbres?
  ¿Notas que tu piel está firme y suave?
  ¿Tienes siempre a mano alguna botella o vaso de agua?
  ¿En verano tomas más cantidad de agua y líquidos?


COCINAR CON AGUA, TODAS LAS CLAVES Y SECRETOS
¿No distingues el escalfado del escaldado, y no sabes cuál es el mejor sistema para preservar al máximo los nutrientes de los alimentos? No te preocupes. Te describimos las principales características de cada uno de estos métodos, para salir del atolladero.

• Cocido o hervido. Cuando introduces los alimentos en agua o caldo hirviendo, la pérdida de vitaminas es menor que si los introdujeras en agua fría –que es cuando una parte de sus sales minerales pasan al agua de cocción–. De este modo, se impide que las proteínas de los alimentos ricos en este nutriente –carnes y pescados, principalmente– pasen al caldo, al producirse una coagulación superficial que impide la salida de jugos y de los nutrientes.
Si utilizas agua fría en tus hervidos, aprovecha el caldo resultante para la elaboración de sopas, salsas y otros guisos, ya que es donde se concentran las sales minarales de los alimentos cocinados.

• Hervido a presión. En el interior de la olla se alcanzan temperaturas superiores a la ebullición –entre 105º y 120ºC–, y con poco agua, por lo cual el tiempo de cocción se reduce. Esto se traduce en una menor pérdida nutritiva de los alimentos cocinados.

• Escaldado. Es la cocción parcial a la que se someten ciertos alimentos durante un periodo corto de tiempo en agua hirviendo. Esta técnica se recomienda antes de la congelación de verduras. Una vez limpias, se escaldan en agua hirviendo de 2 a 4 minutos, y se introducen en el recipiente donde se vayan a congelar –mejor si es al vacío– para una buena conservación.

• Escalfado. El alimento se sumerge en agua hirviendo con un poco de sal y vinagre. Se emplea fundamentalmente para los huevos: la clara queda cuajada y la yema cremosa. Cocinados así son de fácil digestión y aportan pocas calorías.

• Vapor. Se realiza en una olla con un cestillo de un diámetro un poco menor. Se pone cierta cantidad de agua en la olla, sin que alcance el fondo del cestillo que es donde se colocan los alimentos. Estos se cocinan con el vapor que desprende el agua al hervir. Este sistema conserva todas las sales minerales de los alimentos –sodio, potasio... – y su pérdida de vitaminas es menor que con el hervido tradicional.


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