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IDEA SANA

Nuestro compromiso con tu bienestar


El compromiso de Fundación Eroski con tu bienestar
Comprar alimentos de temporada es siempre una idea sana, ya que se encuentran en su mejor momento. Son más saludables, al mantener intactas todas sus propiedades nutritivas, y también más económicos. Además, su producción respeta el ciclo natural de los alimentos, lo que repercute de forma positiva en el medio ambiente.

Los avances tecnológicos en el sector de la alimentación nos permiten disfrutar de una amplia variedad de productos durante todo el año. Ya no tenemos que esperar al frío para poder comprar cítricos; de enero a diciembre, disponemos de todo tipo de frutas y verduras gracias a su cultivo en invernaderos. Por su parte, la acuicultura, o cría de pescado en cautividad, llena los mostradores de las pescaderías de especies que hace unos años sólo estaban disponibles durante unos pocos meses. Sin embargo, y de esto no hace demasiado tiempo, los menús familiares se componían exclusivamente de alimentos de temporada; es decir, los alimentos propios de cada estación: primavera, verano, otoño e invierno. Consumir alimentos del tiempo siempre es una idea sana. Tres son sus principales ventajas:

Consumir productos de temporada contribuye a llevar una alimentación variada y equilibrada

Son más saludables

Los alimentos de temporada se cultivan en suelos ricos, con las condiciones climáticas adecuadas y completando su calendario natural. Nos ofrecen el mejor aporte nutricional, ya que en el momento de su recolección mantienen intactas todas sus propiedades. Y según los expertos en gastronomía, son una garantía en la cocina al disfrutar de mejores cualidades organolépticas: olor, sabor, textura...

Son más económicos

También son buenos para tu bolsillo. Por regla general, aunque siempre hay excepciones, los alimentos de temporada suelen ser los más económicos. Las cosechas –en el caso de frutas y verduras– y el ciclo de reproducción de los animales –en pescados y carnes– permiten que, durante un periodo concreto del año, la disponibilidad en las tiendas de estos productos sea mayor. Y al aumentar la oferta, el precio disminuye.

Son más ecológicos

Producir y consumir alimentos de temporada contribuye a respetar el medio ambiente. Al respetar el ciclo natural y la zona de producción de los alimentos, se evita la implantación de monocultivos intensivos que agotan la tierra. Y en el caso de los locales, como la necesidad de transporte y distribución es menor, se reduce el gasto energético y la contaminación (emisión de gases, material para embalajes, etc.).

Cristina Santiago Dobeson.
Amiga de FUNDACIÓN EROSKI de Getxo (Vizcaya)

"La fruta es el único alimento que elijo en función de la temporada"

Generalmente no suelo hacer mucha distinción entre las carnes y los pescados de una temporada y de otra porque en el mercado casi todo el año encuentras gran variedad de alimentos. Compro lo que me gusta sin hacer mayores distinciones. Pero lo que sí elijo en función de la época es la fruta. Ahora en invierno suelo comprar naranjas, mandarinas, peras o manzanas mientras que en verano suelo escoger otro tipo de frutas como por ejemplo las fresas. Me gusta aprovecharlas porque durante el invierno no se puede disfrutar de ellas y además se pueden consumir de muchas maneras preparando postres diferentes: haciendo mermelada, con azúcar, zumo, ... Eso sí, ahora es una muy buena época para los cítricos; se puede encontrar gran variedad en el mercado y además es cuando tienen mejor sabor.

Frutas y verduras

Gracias al cultivo en invernaderos, hoy en día podemos disfrutar de casi cualquier variedad de fruta y verdura a lo largo de todo el año. Sin embargo, y como hemos visto, los alimentos del tiempo se encuentran en su mejor momento en cuanto a sabor, textura y propiedades nutritivas. No es casualidad que, en invierno, la naturaleza nos ofrezca frutas y verduras generosas en vitamina C (que refuerza el sistema inmunológico), y en primavera y verano, variedades que contienen gran cantidad de agua (como el melón y la sandía) para mantener nuestro organismo correctamente hidratado. Además, comer frutas y verduras de temporada puede ayudarnos a introducir variedades diferentes en nuestra dieta y, de paso, aprender a elaborar nuevas y saludables recetas de cocina. Y con la cosecha de temporada podemos hacer conservas de las que surtirnos el resto del año.

Pescados

La acuicultura pone a nuestro alcance lubinas, salmones rapes, rodaballos y doradas durante los doce meses del año. Sin embargo, no sucede lo mismo con las especies capturadas en alta mar. Nuestros océanos se están quedando sin peces, lo que ha llevado a las autoridades a regular la actividad pesquera con el objetivo de evitar esquilmar los caladeros. Esta regulación determina la disponibilidad de unas u otras especies en los mercados a lo largo del año. Así pues, hay unas épocas de consumo preferente por su mayor disponibilidad, y por lo tanto, mejor calidad y precio. En verano, los barcos llegan a los puertos cargados de pescado azul (sardinas, boquerones, verdeles...). Y en invierno, la merluza, el bacalao, el rape y el mero son los grandes protagonistas en los mostradores de las pescaderías.

Carnes

El otoño y el invierno es la época ideal para disfrutar de asados y guisos elaborados con caza. La carne de perdices, codornices, faisanes (en la imagen), liebres, jabalíes, corzos y ciervos cada vez tiene una mayor aceptación entre los consumidores, debido a su excelente sabor y a sus características culinarias. Primavera es tiempo de cordero. Su carne es una de las que más grasa contiene, por lo que es recomendable elegir cordero lechal. Además, en primavera es cuando su porcentaje de grasa es menor En verano, el aroma de las carnes rojas a la parrilla (ternera, vaca, cerdo) inunda jardines y zonas campestres. La llegada del buen tiempo anuncia que estamos en temporada de barbacoas. Para disfrutar de una parrillada saludable, elige aquellos cortes con poca grasa (al pollo quítale la piel) y evita carnes con alto contenido de grasa como costillas o chorizos.

Calendario natural de los alimentos

  • Enero: achicoria, zanahoria, limón, lubina, gamba, piña, apio, trufa, espinacas, salmón, berza o repollo
  • Febrero: faisán, lamprea, almendras, chirimoya, pomelo, besugo, hierba de los canónigos, alcachofa, borraja, plátano, bacalao, kiwi, fletán o halibut.
  • Marzo: cigala, lenguado, achicoria roja, escarola, salsifi blanco, ajo tierno o ajete, espárrago triguero, aguacate Pinkerton, gallo, lima, bacaladilla.
  • Abril: ciruelas, atún, centollo, kiwano, fresones, nabo, verdel o caballa, guisante, espárrago, fresa, acelga, chicharro, lechuga, rape.
  • Mayo: rodaballo, granadilla dulce, guindas, langostinos, grelo, níspero, judía verde o vaina, breca, sardina, hinojo, cordero, endibias, sepia.
  • Junio: percebes, raya, brevas, calabacín, cereza, bonito, pepino, cabracho, albaricoque, habas tiernas, boquerón.
  • Julio: anguila, guayaba, minicalabacín, buey de mar, sandía, nectarina, pimiento verde, melón, rábano,merluza, langosta, melocotón.
  • Agosto: boniato, perca, berros, tomate, pulpo, higo, frambuesa o fresa del bosque, cangrejo de río, calamar, cebolla, almejas, grosellas.
  • Septiembre: uvas frescas, nécoras, tomates cherry, moras, pimiento morrón, codorniz, berenjena, pato salvaje, manzana, pochas, congrio, arándanos, trucha, remolacha.
  • Octubre: liebre, berberechos, carpa, membrillo, champiñón, jabalí, palometa, coles de Bruselas, pera, pez espada, puerros, granada.
  • Noviembre: romanesco, panga, cerdo ibérico, rambután, mero, vieiras, calabaza de invierno, becada, col lombarda, mandarina, hongos, naranja, conejo, coco.
  • Diciembre: maracuyá, perdices, tiburón, ajo blanco, mangostán, cebolla, dorada, brécol, coliflor, mango, castaña, cardo, mejillones, papaya, salmonete.
Ramón Sánchez-Ocaña.
Periodista experto en salud y Amigo de FUNDACIÓN EROSKI

"Sabores ¿olvidados?"

¿Por qué el tomate ya no sabe a tomate? ¿O por qué el melocotón no huele como olía? Simplemente, porque es el tributo que pagamos por disponer de algunos productos de temporada durante todo el año. Aparte de las verduras, que sí están cultivadas con mimo en sentido ecológico, nos devuelven sabores ya olvidados. Quizá sea en las frutas donde más se aprecia, ya que su grado de madurez influye en la cantidad de azúcares y en buena parte de su contenido vitamínico y mineral. Como son alimentos fácilmente perecederos, habría que buscar el momento idóneo para su consumo; pero muchas veces no es posible porque muchos de estos productos sólo maduran en el árbol.

La pera, por ejemplo, es difícil de comer en su momento preciso. Las de agua están maduras si cerca del tallo lo están; si están blandas por la parte gruesa y central, están pasadas o han sido congeladas y no están buenas. La peras se suelen recoger antes de que maduren y se guardan a temperaturas muy frescas (1 grado bajo cero). Antes de su consumo se ponen a temperatura ambiente y se dejan madurar plenamente.

Por su parte, el albaricoque va perdiendo sabor porque se recoge antes de tiempo y se detiene la maduración, aunque la carne ablande. Le pasa lo que al melocotón, que no madura una vez separado del árbol. Cada vez hay menos fresas y más fresón, porque su cultivo es menos delicado, su fruto mayor y más rentable. El fresón es una hibridación de otras especies, y aunque tenga mayor presencia en el mercado no tiene ni el sabor ni el aroma de la fresa. Y a la piña le ocurre lo que a otras frutas : que sólo madura en el árbol. Y es en la última etapa de maduración cuando adquiere la mayor proporción de azúcar. Este es sólo un repaso mínimo, pero que da idea de que debemos consumir productos de temporada. Es cuando están mas sabrosos y con sus nutrientes precisos.

Más información en www.ideasana.com


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