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IDEA SANA

Nuestro compromiso con tu bienestar


El compromiso de Fundación Eroski con tu bienestar

Ahora que estamos en la rutina del día a día, que pasamos más tiempo en casa resguardados del frío otoñal, es una momento de inculcar en nuestros pequeños buenos habitos parala vida, como drmir bien, aprender a comer de forma saludable o seguir una higiene correcta.

Es el momento. Si aún no nos hemos dedicado a inculcar en nuestros hijos buenos hábitos higiénicos, alimenticios o de descanso, ahora que vivimos siguiendo un horario, que la rutina se ha instalado en nuestra vida y que pasamos muchas más horas al calor del hogar debemos replantearnos qué queremos enseñar a nuestros pequeños. Es posible que lo hayamos intentado y no hayamos obtenido el resultado adecuado, o que quizá el exceso de trabajo o los desórdenes veraniegos nos hayan impedido dedicarles el tiempo necesario.

En Idea Sana EROSKI queremos ayudarte a inculcarles hábitos para una vida saludable, porque la mejor escuela que van a encontrar es la de su hogar. No esperes que el niño sea educado únicamente en el colegio, ten en cuenta que los dos ejes centrales para su desarrollo son el hogar y la escuela. Y no olvides que los niños imitan absolutamente todas las conductas de sus padres. Así que debemos empezar por ser nosotros mismos, en definitiva ser el ejemplo a seguir.
Un hábito es un modo especial de proceder, adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas. Es algo que no sabemos hacer pero que, a base de repetir, aprendemos.
Durante el primer año de vida, los niños aprenden básicamente dos hábitos: comer y dormir. El hambre es una necesidad física que debemos satisfacer, así como el sueño, pero a comer y dormir bien se aprende, a través de la repetición y la asociación con elementos externos.

Aprender a comer

Según el doctor Eduardo Estivill, pediatra, neurofisiólogo y creador del famoso método Estivill que recoge en su libro ‘Duérmete niño’, cuando vamos a alimentar a un niño, le sentamos en su silla, le ponemos el babero, cogemos un bol con la comida y una cuchara, por ejemplo. Es decir, asociamos el momento de la comida con una serie de elementos externos. A base de repetir este acto, el niño en cuanto se siente en su silla y vea el bol sabrá que va a comer. Hemos conseguido que se sienta seguro con su hábito. Esa seguridad le viene no sólo por la asociación de elementos sino por la actitud que le transmite el hábito en sí. Experimenta una serie de sensaciones que percibe del adulto.

Los niños asocian el momento de la comida con una serie de elementos externos que se repiten

Si el primer día el niño rechaza la comida, el padre al día siguiente seguirá intentándolo en el mismo entorno, no se le ocurrirá sentarlo en el orinal o el sofá. Es decir, comportándonos de una manera repetida les trasmitimos seguridad.

Esos hábitos deben traslardarse también al tipo de alimentación que haga el bebé o el niño: variada y equilibrada, porque una buena alimentación es necesaria para su crecimiento y es la mejor medicina preventiva para evitar enfermedades crónicas en la edad adulta.
Cada niño es diferente y tiene sus propios gustos, que debemos respetar en cierta medida. Es decir, puede que no le guste un alimento pero no podemos permitir que abandone toda una familia de alimentos. Por ejemplo, si no le gusta la leche podemos ofrecerle yogures, queso, o flanes, que tienen propiedades nutritivas similares a las de la leche.

Aprender a dormir

Lo mismo ocurre cuando queremos enseñar al niño a dormir. Sin embargo, los padres solemos mostrarnos mucho más perdidos a la hora de poner a dormir a los bebés que no consiguen hacerlo de forma regular, y no sabemos cómo lograrlo. Sin querer, les transmitimos inseguridad.
El niño debe aprender a iniciar el sueño él solo, asociando el acto de dormir con una serie de elementos externos, como pueden ser su cuna, su osito, su chupete, etc. Se debe crear un ritual diario asociado al acto de irse a dormir. Por ejemplo, baño, cena y un tiempo para compartir entre padres e hijos, que dure entre 5 y 10 minutos. Este tiempo debe ser un intercambio emocional, adecuado a la edad del niño, como puede ser cantarle una nana, contar una pequeña historia real o un cuento, o incluso programar una actividad para el día siguiente.

Transcurridos estos minutos, dejaremos al niño todavía despierto en su cama o cuna. Es importante que los padres recuerden que el niño aprende a dormir con aquello que le damos, y que en sus despertares nocturnos, reclamará las circunstancias que él haya asociado al momento del sueño. Si se duerme solo, volverá a hacerlo solo, pero si lo ha hecho en brazos, reclamará los brazos, o si se ha quedado agarrado a la mano de su madre, querrá que esté allí cuando se despierte. El doctor Estivill propone además que una vez abandonada la habitación, si el niño llora o no quiere quedarse solo, se siga una tabla de tiempos de espera, que irán aumentando de forma progresiva, antes de volver a su lado. De esta forma se irá consiguiendo el agotamiento del niño, hasta que consiga dormirse él solo. Evidentemente, antes de llegar a este extremo, se deben descartar otras circunstancias que puedan estar impidiendo al niño un descanso adecuado: cólicos del lactante, reflujo, intolerancia a la leche, infecciones de las vías respiratorias altas, otitis, etc.

Hábitos higienicos

En nuestra sociedad, la limpieza y la higiene se suponen, es decir, no tenemos ninguna dificultad para acceder a una higiene básica, como ocurre en muchos países del Tercer Mundo, donde es un verdadero problema de salud pública.
Conseguir que los más pequeños aprendan unas normas básicas de higiene es una cuestión de educación. En esta tarea los padres tienen un papel protagonista. Cuando son bebés, la hora del baño es un momento grato tanto para los pequeños como para los padres. El bebé se relaja y empieza a adquirir el hábito del baño, normalmente antes de acostarse. Cuando el niño crece debe aprender a lavarse las manos antes de comer o cuando vuelve de jugar en el parque, a utilizar el pañuelo cuando tiene mocos o a limpiarse los dientes después de cada comida.

Como ocurre con todos los hábitos, la única forma de inculcarlos es con paciencia, siendo los padres los primeros en dar ejemplo día a día. Hasta que el niño cumpla los 6 o 7 años no se cepilla los dientes correctamente. Al principio, se dedica sin más a comerse la pasta de dientes, por eso necesitará nuestra ayuda. Debemos convertir ese momento en algo divertido. Nos ayudará tener los utensilios a mano y que además sean de su gusto, tanto el sabor de la pasta de dientes como el color y la forma del cepillo.

Sonarse la nariz

A partir de los 2 o 3 años es también el momento de enseñarles a sonarse la nariz para evitar que escarben en ella con los dedos, con el peligro de provocarse pequeñas heridas o infecciones. Con la edad, esta costumbre suele desaparecer, pero no está de más que ayudemos en esta tarea. Algunos especialistas aseguran que urgarse en la nariz es un hábito que surge en momentos de aburrimiento o cuando el niño está ansioso. Es posible que en algunos casos esto sea así, en otros la realidad es que todavía no son capaces de sonarse con un pañuelo.

Ignacio corral
Médico Estomatólogo. Asesor médico de Colgate
"No debemos olvidarnos de limpiar la lengua; es donde se acumulan más bacterias"

Idea Sana: ¿A qué edad deben comenzar los niños a cepillarse los dientes?
Ignacio Corral: Hay que limpiarlos desde que aparecen en la boca, de igual forma que limpiamos el resto del cuerpo. Las madres deben acostumbrarse, sobre todo, cuando los niños empiezan a tomar cereales, a limpiar con una gasita todos los dientes que el niño tenga en su boca. A medida que va siendo mayor y es capaz de escupir y no tragarse las cremas y colutorios dentales, los padres deben iniciar el cepillado convencional del niño y es recomendable hacerlo a la vez que ellos se cepillan su propia boca (conductas de imitación), educando a la vez que limpian los dientes. Los padres deben completar el cepillado diario del niño hasta que éste tiene la madurez motora suficiente para hacerlo solo, (aproximadamente a los 8 años).

I.S.: ¿Y a visitar el dentista?
I.C.: No deben tener nunca miedo al dentista. Para ello lo mejor es que desde que tienen un año de edad acompañen a sus padres en sus revisiones. El dentista le mirará los dientes, le enseñará técnicas de cepillado, hablará de la dieta cariógena y recomendará la utilización de flúor. De esta manera, no verá al dentista como alguien al que acudimos cuando estamos enfermos, sino alguien que cuida sus dientes y previene la enfermedad.

I.S.: ¿Debemos hacerlo siempre que comamos algo?
I.C.: Sí, es la respuesta del profesional. Siempre que algún alimento con hidratos de carbono llega a nuestra boca cambia el pH., el diente se desmineraliza y las bacterias bucales actúan creando ácidos para desarrollar la caries. Por eso, como en la vida diaria es muy difícil cepillarse los dientes siempre que comamos algo, es importante hacerlo después de cada comida importante, e intentar que los alimentos que se ingieran entre horas no contengan productos cariógenos.

I.S.: Explíquenos cuál es la forma adecuada de cepillarse los dientes.
I.C.: Los dientes presentan en la boca 5 ‘superficies o caras’: una externa, una interna, dos por las que se unen a los dientes vecinos y una por la que trituramos o desgarramos (según el diente). Es necesario limpiarlas todas, y con nuestra técnica de cepillado debemos asegurarnos de limpiar primero todos las superficies externas (las que vemos), después las internas (las que contactan con la lengua) luego las de trituración y por último las superficies de contacto (con seda dental). Nunca debemos olvidar limpiar la lengua (donde se acumulan el mayor número de bacterias responsables de la halitosis) y los carrillos por dentro.

I.S.: ¿Y el mejor cepillo (duro, medio, blando)?
I.C.: Cada paciente tiene que conocer el estado real de su boca y, junto al dentista o higienista, individualizar el cepillo dental más conveniente a sus necesidades. En general, los cepillos deben ser de filamentos de grosor medio y con las puntas redondeadas, para no arañar el diente. Los cepillos muy duros son agresivos, y los blandos están indicados sólo cuando las encías están muy débiles o después de tratamientos quirúrgicos.

I.S.: ¿Es necesario el hilo dental a diario? ¿Y el enjuague?
I.C.: El hilo dental está diseñado para limpiar las superficies dentales por las que los dientes contactan. Como con el resto del diente, son superficies que debemos limpiar a diario, pero cuando los dientes están muy unidos podemos espaciar la limpieza de esta zona y, por el contrario, hay pacientes con recesiones en las encías o con enfermedad periodontal que deben usar el hilo de seda a diario. El enjuague bucal es un magnífico medio para llevar productos activos a nuestra boca. En este sentido, el colutorio de flúor ha demostrado ser una medida excepcional para controlar la caries y los colutorios con ingredientes antibacterianos son una magnífica herramienta contra la gingivitis y la enfermedad periodontal.

I.S.: ¿Cuáles son los principales problemas que se derivan de un cepillado deficiente o incorrecto?
I.C.: Existen 3 enfermedades que están directamente ligadas a un cepillado incorrecto, tanto en calidad como en frecuencia: la caries, que es la destrucción de los tejidos duros del diente –esmalte y dentina– y se produce por la agresión de las bacterias que actúan al entrar en contacto con azúcares y baja el pH. de la boca después de cada comida; la gingivitis, que es la irritación de las encías, que sangran bien espontáneamente o bien cuando las tocamos, y se produce porque las bacterias que anidan junto al margen de las encías producen sustancias tóxicas que interaccionan localmente con la encía; y la periodontitis o piorrea, que es la destrucción de los tejidos que soportan el diente. Habitualmente comienza con una gingivitis que termina destruyendo el ligamento periodontal y el hueso de soporte.


Arantxa Merino
Técnico de Márketing de Producto Marcas Propias EROSKI
"Soy muy casera, tengo un sofá genial..."

Idea Sana: ¿Tienen los dentífricos y enjuagues una fecha de caducidad?
Arantxa Merino: Ambos productos tienen una caducidad superior a 30 meses pero una vez abiertos deben ser utilizados en los siguientes 12 meses, tal y como se indica en los envases (tarrito abierto con la indicación: 12M). Esta forma de indicar la caducidad después de la apertura es común a prácticamente todos los productos de perfumería que superen los 30 meses de caducidad.

I.S.: ¿Es cierto que algunos dentríficos tienen poder blanqueador?
A.M.: Sí es verdad que contienen determinados ingredientes que favorecen el blanqueamiento del esmalte, principalmente útiles en el caso de manchas externas y decoloración de los dientes. Estas manchas superficiales pueden ser causadas por: el tabaco, el consumo de café, té o vino tinto, el consumo de alimentos con alto contenido de pigmentos, como las cerezas y las moras, la acumulación de depósitos de sarro, que se forman cuando la placa se endurece. Para eliminar estas manchas externas es necesario acudir al dentista para una limpieza profunda. La utilización de dentífricos blanqueadores favorecen su eliminación. Existen otras manchas internas que pueden atribuirse a diversos factores: tratamiento con determinados antibióticos durante el período de formación de los dientes, proceso de envejecimiento, consumo de flúor en exceso durante la formación de los dientes (desde el nacimiento hasta los seis años). En este caso sería necesario un tratamiento blanqueante.

I.S.: ¿Cuáles son las características de un buen dentrífico?
A.M.: Es fundamental que no sea abrasivo, que aporte el flúor necesario para remineralizar el esmalte (reduciendo así la aparición de caries), que fortalezca las encías y las mantenga sanas previniendo de esta forma la gingivitis y que contribuya a la eliminación de la placa bacteriana.

I.S.: ¿Cada cuánto tiempo se recomienda cambiar de cepillo?
A.M.: Los dentistas recomiendan cambiar de cepillo cada 3 meses, debido a la cantidad de bacterias que se acumulan en los filamentos. Sin embargo, también cuando los filamentos estén torcidos o desgastados se debe cambiar puesto que un cepillo en mal estado puede causar daños en las encías, además de ser totalmente ineficaz para la higiene bucodental.


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