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La vida florece en primavera
Enseña a tus hijos a comer sano


El incremento de niños obesos en los países desarrollados es un problema acuciante que tiene en la prevención el mejor de los aliados. La solución está en manos de los padres y educadores y radica en cambiar los actuales hábitos de vida de los más pequeños.

El número de niños obesos en España se ha triplicado en los últimos 15 años. En este tiempo, hemos pasado de un 5% a casi un 14%. Este aumento, apuntan los expertos, se deriva principalmente de un cambio en los hábitos de vida: el abandono de la dieta mediterránea –consumo deficiente de frutas y verduras, legumbres y pescado, en favor de la comida rápida y los alimentos ricos en hidratos de carbono y grasas saturadas– y un estilo de vida cada vez más sedentario. Para frenar este problema creciente, la solución reside en modificar el actual estilo de vida que se ha generalizado entre los más pequeños de la casa.

Consecuencias
Estas son las principales consecuencias físicas y psicológicas que la obesidad provoca en los niños:

  • Problemas físicos: diabetes tipo 2, hipertensión, incremento de los triglicéridos y el colesterol ‘malo’, trastornos hepáticos, problemas respiratorios y disminución de la esperanza de vida. Algunos estudios indican que la obesidad reduce la esperanza de vida en 13 años; podría ocurrir que la siguiente generación viva menos años que la actual.
  • Trastornos psicológicos: baja autoestima, estigma social, aislamiento, síntomas depresivos, mayor ansiedad. Incluso en edades muy tempranas, el niño obeso es descrito de forma despectiva por sus compañeros. En la adolescencia, la repercusión psicológica de la obesidad es aún mayor –la tiranía de la imagen– y puede desencadenar trastornos alimenticios graves como la anorexia y la bulimia

Desde la cuna
Debemos tener presente que a un niño, al igual que le enseñamos a hablar y caminar, también se le debe enseñar a comer, tanto en calidad como en cantidad –en general, hoy en día los niños toman más cantidad de alimentos de la que precisan–. Y esta tarea es responsabilidad de padres y educadores.

Como padres, tenemos que predicar con el ejemplo. Los hábitos alimenticios de los pequeños guardan una relación directa con los hábitos de sus progenitores. De ahí la importancia de mantener en el hogar una alimentación completa y equilibrada para toda la familia. Además, está demostrado que si el padre o la madre son obesos, aumenta notablemente la probabilidad de que el hijo también lo sea. No olvidemos que el 75% de los adolescentes obesos serán obesos de adultos, con la consiguiente disminución en su calidad de vida.

“La obesidad debe ser motivo de atención y de preocupación para los padres, pues no es síntoma de salud, sino todo lo contrario –apunta el psicólogo y pedagogo Bernabé Tierno–. Por extraño que parezca, ya en la época de lactancia se produce no sólo acumulación de grasa sino un aumento del tejido adiposo. Por eso es determinante formar hábitos alimenticios sanos ya desde la cuna para evitar la obesidad y las consecuencias físicas y psicológicas que se detectan ya en la infancia y la adolescencia.

Los expertos recomiendan que los pequeños hagan cinco comidas al día. Contrariamente a lo que puede pensarse, saltarse alguna favorece la obesidad, sobre todo si se trata del desayuno. La primera comida del día es también la más importante; debe incluir lácteos, cereales y fruta, y es esencial que enseñemos a nuestros hijos a que dediquen a esta tarea 15 minutos de su tiempo matutino. Prohibidos los ‘desayunos-exprés’ a salto de mata, de pié, con la mochila al hombro y saliendo de casa deprisa y corriendo con la comida en la boca. Son muchos los escolares que omiten la primera comida del día, una costumbre insana que provoca que, a la hora del recreo, la mayoría de los chavales opten, para matar el hambre, por la repostería industrial. Una pieza de fruta a media mañana es el mejor sustituto de la bollería.

Menos tele, más deporte
La Estrategia NAOS defiende la práctica regular de ejercicio físico como un medio esencial para combatir la obesidad. Actualmente, la mayoría de los niños que viven en los países desarrollados llevan un estilo de vida sedentario. Son muchos los que, al llegar del colegio, se pasan las tardes sentados frente al televisor o jugando con la videoconsola. La falta de ejercicio unida a una alimentación rica en grasas deriva en un número creciente de menores con problemas de exceso de peso.

Incúlcales los beneficios derivados de la práctica deportiva. Y si es en equipo, mejor, ya que fomenta valores como la solidaridad y el esfuerzo colectivo. Ayúdales a elegir la modalidad deportiva que más se ajuste a sus características y habilidades. Y, por supuesto, que le guste. El deporte debe ser algo que nos divierta, no una obligación fastidiosa. Aprovecha los fines de semana para jugar con tus hijos al aire libre, pasear en bici o hacer excursiones al monte. Ellos te lo agradecerán. Y tu cuerpo, también.

La merienda más sana

Adiós al exceso de calorías. Sustituye la bollería industrial, los refrescos con gas y las chucherías por alimentos ricos en vitaminas y minerales. Una merienda sana debe incluir siempre una pieza de fruta, un yogur o un trozo de queso no demasiado graso, pan (mejor si lo untamos con aceite de oliva) o galletas integrales (aportan fibra) y unas lonchas de embutido o jamón serrano. Intenta que los ‘peques’ merienden en la mesa y no viendo la televisión o jugando con la videoconsola.

¿Cómo viven la obesidad los niños y adolescentes?
Bernabé tierno Psicólogo, pedagogo y escritor

¿Cómo vive la obesidad el niño?
De forma traumática, sobre todo en la escuela infantil, en el patio de casa con los vecinos o en el parque, ya que pronto es motivo de mofa de burla: “Cerdito”, “foca”, “seboso”, etc son etiquetas que se colocan los niños unos a otros, pero es el niño “gordito” el que siempre se ve estigmatizado, a veces, no sólo por otros niños mayores o de su edad, sino hasta por los adultos: “Tú, gordinflón ¿de qué te ríes?”, le decía un profesor estúpido a uno de sus alumnos de tan sólo 7 años. La madre me trajo a consulta a un precioso niño hundido, deprimido y acomplejado, que no quería volver al colegio porque desde aquel episodio todos le llaman con el apodo de “la foca”.
Inseguridad, baja autoestima, sentimiento de inferioridad y sentir desprecio por el propio cuerpo son las consecuencias psicológicas más graves, que a veces no se superan en la vida. Es gravísimo que un niño no se acepte a sí mismo a causa de la obesidad. El amable lector dirá que el caso del profesor que hace mofa del alumno obeso es la excepción, pero lo que importa es que un niño que se ve distinto y se compara peyorativamente con los demás, ni se quiere, ni se valora, ni se acepta y todas sus potencialidades quedan mermadas por el sentimiento de baja estima.

¿Qué le pasa al adolescente?
Si ya viene arrastrando sus complejos desde la infancia será tímido e inseguro, temerá los chistes y las gracias de los más crueles y faltos de sensibilidad y sufrirá en silencio un cuerpo que ni le gusta ni lo acepta. El hecho de ser obeso, casi siempre, condiciona la vida del adolescente. A la hora de concursar, de competir, de elegir a un delegado de curso o un compañero de juego, es frecuente que el niño o el adolescente obeso sea relegado, menospreciado. La autoestima, el sentimiento de competencia, la autoimagen, la capacidad de decisión, las ganas de vivir y la confianza en sí mismo y en sus posibilidades de éxito en la vida sufren una merma considerable por más positivo que sea el adolescente.

La solución: tomarse muy en serio el tema de la obesidad, aunque sin obsesionarse, formando los hábitos alimenticios sanos de una buena alimentación integral y no apartarse jamás de las orientaciones y consejos de su pediatra.
Recordar: el cuerpo es la habitación donde vamos a vivir desde que nacemos hasta el fin de nuestros días. Los cuidados que le demos manteniéndolo saludable y en su peso ideal nos evitarán infinidad de problemas y, sobre todo, nos convertirán en personas más dinámicas y con ganas de vivir.

Alimentos indispensables

  • Legumbres: alubias, lentejas y garbanzos no deben faltar en la dieta infantil y juvenil. Aportan tanta energía como la carne, pero con mucha menos grasa. Además, suministran cantidades elevadas de minerales imprescindibles para un correcto desarrollo, como el hierro y el calcio.
  • Verduras: bajas en calorías y ricas en vitaminas y minerales, las verduras son buenas para todos, especialmente para los niños, por su virtud de potenciar el crecimiento, sus propiedades antioxidantes y el importante aporte de nutrientes que realizan, tan necesario en esta época de su vida.
  • Pescado azul: la trucha, el verdel, la anchoa, el atún, el lenguado y los boquerones, entre otras especies, son ricos en minerales y ácidos grasos insaturados, imprescindibles en la alimentación de los más pequeños por sus propiedades beneficiosas para el corazón y el sistema circulatorio.

    “Estamos detectando en niños obesos enfermedades típicas de los adultos, como la diabetes y la hipertensión”
    DRA. Montserrat Barbany Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad

    Idea Sana.: ¿Qué factores han provocado el incremento tan notable de niños obesos en España?
    Montserrat Barbany: Actualmente, el porcentaje de niños obesos es alto. Según el estudio Enkid existen un 13,9% de niños obesos en España y un 26,3% de niños con sobrepeso. Todo indica que esta tendencia va en aumento y sino cambiamos el estilo de vida es de suponer que no varíe el incremento. Se supone que los factores que más han intervenido son los cambios en el hábito de comer y la vida sedentaria de los niños actuales. Antes los niños jugaban en la calle y ahora pasan horas delante del televisor o las videoconsolas y en muchas ocasiones lo acompañan de una importante ingesta de alimento muy energéticos.

    I.S.: Si un padre o una madre sospecha que su hijo puede tender a la obesidad ¿qué pasos debe seguir?
    M.B.: El primer paso es hablar con el médico. La obesidad es una enfermedad y, por tanto, la debe tratar un profesional de la salud. Él es quien mejor puede orientar a la familia sobre el mejor tratamiento que el niño debe seguir, aunque lo más importante es que la familia colabore y se instaure desde la infancia un estilo de vida sano que comporte buenos hábitos alimentarios y un aumento de la actividad física. Hay que recordar que cuando los padres son obesos, las posibilidades de que los niños también lo sean aumentan. Esto se debe a dos causas: la genética, que predispone a la familia, y los factores ambientales.

    I.S.: ¿Cuáles son los principales problemas, físicos y psíquicos, derivados de la obesidad? ¿Pueden ocasionar anorexia o bulimia en la adolescencia?
    M.B.: Estamos viendo niños obesos con diabetes, dislipemia –una alteración en los niveles normales de lípidos plasmáticos (fundamentalmente colesterol y triglicéridos)– e hipertensión, enfermedades típicas del adulto. Es cierto que los niños con exceso de peso sufren burlas por parte de otros niños e incluso de adultos y que esto les ocasiona tristeza y, en algunas ocasiones, puede provocar que el niño quiera adelgazar a toda costa y entre en un proceso de anorexia.

    I.S.: ¿Qué grupo de alimentos no deben faltar en la dieta de los más pequeños? ¿Y cuáles sobran?
    M.B.: La alimentación de los niños debe ser variada e incluir toda clase de alimentos, haciendo hincapié en frutas y verduras que, según los estudios, son los alimentos que menos consumen los más pequeños. En cuanto a los alimentos que sobran depende siempre de la cantidad: un dulce es bueno para el niño pero comidos en exceso pueden ser perjudiciales.

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